Un tour al útero
Pocos pueden evitar la tentación del turismo de sol y aguas tibias. Pareciera un instintivo regreso a nuestros orígenes. No sólo el ser humano vive gozosamente en la líquida tibieza del útero; también nuestra civilización nace en tierras llenas de sol. Muchos pueblos emigraron al frío, buscando espacio vital, pero llevaban escrito en sus genes el mandato de volver. Por eso, hoy copan los aviones de bajo costo, los hoteles all inclusive; viajan al Caribe, a las playas del Brasil, a las costas del Mediterráneo. En los países germanos se habla del antiguo “anhelo del Sur.” Eso lo sabía muy bien el Nobel Hauptmann por su larga residencia adolescente en Italia. Estaba acostumbrado a que en Alemania, agosto, el mes del calor, durara… menos de un mes. En Florencia supo que podía durar medio año. Escribió: “Como agosto no quiere venir a buscarnos, no nos queda otra que ir a buscar agosto”.

Ese anhelo del Sur, dicen, podría explicar la tenacidad de los ejércitos del Norte de Europa por conquistar el Sur. Periódicamente, con sus reyes a la cabeza y las armas en la mano, bajaban en busca del sol, partiendo por Italia. Durante la Edad Media y siglos posteriores, los únicos europeos del Norte que viajaban sin armas al Mediterráneo eran los millonarios y unos cuantos artistas y escritores. Un Goethe melancólico preguntó con razón: “¿Conoces la tierra donde florece el limonero?” Pensaba en su querida Sorrento, en la Costa de Amalfi, en la mínima Capri.
Ahora no se necesitan bayonetas. Gracias a la Comunidad Europea, basta llevar en las manos el pasaporte comunitario. Y todos felices y calientes. Desde mediados del siglo XX, son las masas del Norte las que invaden el tibio Mediterráneo o siguen de largo al Caribe. En España, suecas y noruegas a busto desnudo hicieron más por borrar el franquismo que los tenaces antifranquistas. Estuve en las Baleares a mediados de los años sesenta. Un taxista de la isla de Formentera, donde la Edad Media se había quedado tomando sol, y sus mujeres vestían de negro hasta los pies, me dijo: “Las suecas vienen a violar a nuestros chavales.” Tal vez por eso, la España del siglo XXI se ha llenado de rubias y rubios, partiendo por las Baleares.
Así, navegando de regreso al útero materno y a los orígenes calientes de nuestra civilización, parece haberse iniciado una nueva etapa de la historia humana. Se non é vero, é ben trovato.