Soñadores chilenos para Katmandú

Lo que voy a escribir a continuación podría ser un clásico de la falta de coherencia: el Dalai Lama es de todos los hombres que he entrevistado quien dejó en mi memoria un verdadero surco, por su inaudita sencillez. Cuesta resistirse, sin embargo, a la vanidad de decir que S.S. el Dalai Lama ha sido mi mayor consultor de viajes. Al preguntarle qué lugares se debía visitar en Oriente, habló primero del Nepal, con sus muchas torres de granito que se estiran más arriba de los 8 mil metros. Y no es que el Dalai Lama pensara que ahí se está más cerca de Dios, pues él no imagina dioses eternos: todo es relativo, nada permanece. (“Creo en el kharma, por eso no soy agnóstico“, me dijo, para precisar.) Nombró Nepal porque es fronterizo con el Tibet, su patria prohibida, y desde Nepal los tibetanos combatieron inútilmente con los chinos en tiempos de Mao Zedong, con ayuda de la CIA, que de un día para otro le quitó su apoyo militar. Y nos recomendó Nepal ciertamente porque ese reino es la cuna de Buda y en él se hallan miles de los monjes tibetanos que han atravesado el Himalaya para acercarse a sus enseñanzas (en la foto, con Mao Zedong antes de la ruptura con China y su exilio en India).
Cuando escribí hace muchos años sobre Katmandú, capital de Nepal, hice una advertencia: al llegar no es sorpresa lo que se siente, “es una especie de iluminación, de paz sobrenatural lo que se nos lanza encima como una marejada; se experimenta algo tan inexplicable como un lúcido aturdimiento, una embriaguez inmaterial, una exaltación.” Las palabras se me hacían pocas. (Eso queda claro.) Un chileno que llevaba cuatro años trabajando con los sherpas, Jaime Espinosa, funcionario de la FAO, me dijo que no había conocido en el mundo gente más alegre, de convivencia más fácil y tan intensamente mística. Subió y bajó caminando durante meses por el Himalaya. “En lugar de agotarse, uno aquí se siente fantástico; para el cuerpo es un verdadero tratamiento de salud.”
Quien ahora nos tienta con Katmandú es otro chileno, Rodrigo Jordán, hijo adoptivo de Nepal y en especial de sus cumbres. Para aprovechar los días del Dieciocho anda intentado formar un gran grupo de chilenos que no se haya olvidado de soñar. Es el líder de una expedición para abuelos, padres y adolescentes, para mujeres y hombres, que prepara la agencia santiaguina Vertical. Se irá a conocer Katmandú y a realizar un ascenso hasta el campamento base del Everest. Una legión de cargadores sherpas se encargará de hacer del trekking una experiencia dulce, pausada, nunca áspera. Antes de partir, la cordillera santiaguina figura como escenario para una introducción al trekking en pocas lecciones. Los organizadores, claro, se encargan de aterrizarnos: “Sabemos que esto no es para todos…” Pero soñar es gratis.