Sergio Silva Acuña
“No me hacen caso ni las moscas”
Único narrador en directo de la entrega del Premio Nobel a Neruda. Anuncio al país del Día D, preludio del final de la Segunda Guerra Mundial. Seis campeonatos mundiales de fútbol. Locutor de Radio Nacional de España y Nederland, de Holanda. Ha trabajado en Radio Cooperativa (20 años), Radio Andrés Bello e Infinita. Esas han sido -dice- las mayores satisfacciones profesionales de su vida. Un hombre lleno encanto, inteligente, con humor y una voz fuera de serie. Tal vez el locutor chileno más importante.
No es un hombre posero, de modo que lo dicho por él es verdad: no sabe bailar y puede resultar “el gallo más aburrido en las fiestas”. Pero no lo pongan en una mesa con amigos o frente a un micrófono. Se transforma en un chisperío.
Por eso la radiotelefonía chilena fue la viuda más triste de Sergio Silva cuando a él se le ocurrió irse de Chile después del golpe, en 1974, tras un altercado de una comitiva vigilada por militares. Faltaron su voz, su programa Radiotanda, su relato deportivo sereno y jovial. Hasta 1979 trabajó con éxito en radios europeas con servicios en español, pero un día se dijo a sí mismo que estaba muy viejo para andar por esas lejuras.
Viejo no estaba. Sólo tenía 51 años. Estaba cansado, eso sí, de mirarnos desde lejos, cansado de aguantarse esos chistes que sólo entienden los chilenos como él. Y entonces volvió a hacer las mismas cosas que hacía antes en radio y TV. Chile no se ha sentido más la viuda de Sergio Silva.
¿Y cuál es la historia de este exitoso comunicador? Viñamarino, fue un fuera de serie desde niño cuando participó en un programa radial de A. Michel Talento. En los años 40 imitaba al presidente González Videla en el programa Topaze en el Aire y se transformó en figura de uno de los programas radiales más escuchados a mediados del siglo XX, Intimidades de la familia chilena.
Y sigue sumando éxitos.
Tiene seis hijos con la actriz María Esperanza Soura.
Escuchémosle:
¿Qué libros tiene hoy en su velador?
-Todos los días, la Biblia. Hoy, como agregados, Casa grande” de Luis Orrego Luco, y unos libritos cortos de Jorge Sasía, que me hacen reír mucho.
¿Cómo se siente internamente haciendo humor cuando anda de mal humor? ¿Le ayuda a superar o le irrita más?
-Nunca ando de mal humor. Triste, a veces, quizá. En este caso el hacer humor supera toda adversidad. La risa del público es el mejor sueldo.
De las rutinas matrimoniales, ¿cuál es la más mortífera?
-El ir de visita. A cualquier parte. “¿Crees que me va buen este color de rouge…? ¿Te parece que combinan estos zapatos con esta cartera…? Por favor, ayúdame a abrocharme este sostén”. Y uno, ¿qué sabe de esas cosas? Bueno, salvo de desabrocharlos.
¿Su rasgo de carácter más dominante?
-Ninguno. No me hacen caso ni las moscas.
¿De qué rasgo juvenil le gustaría disfrutar hoy?
-De la velocidad con que corría. A los ocho años sólo me ganaban dos en la escuela. Hoy, cuando juego pichangas de futbol, hay muchachones que me gritan “En esto hay que moverse, viejito”. No me queda más que contestar: “Aquí… es la pelota la que debe correr”. Y me auto convenzo.
¿Qué siente frente a la homosexualidad?
-Aquella homosexualidad “a la vista” merece la misma atención que debe recibir todo ser humano. Trabajan, viven, mueren. Lo que más me afecta es cuando se hace escarnio de la homosexualidad como elemento risible en comedias o programas radiales, teatrales o de televisión.
¿Qué don extraordinario le gustaría poseer?
-El poder de Midas, para convertir en pan todo lo que tocase… y largarme por esas tierras de Dios a calmar las hambres.
¿Cuáles son los defectos más notorios que usted advierte en la clase media chilena?
-Más que defectos, creo que está cuajada de cualidades. Debe equilibrarse en la cuerda floja para poder llegar al fin de mes parando la olla, con dignidad. Es admirable.
¿Cuáles son los defectos más notorios que usted advierte en la clase más alta de Chile?
-Mi vértigo me impide mirar hacia arriba. Como en todo estrato, también debe haber allí defectos y cualidades. No los conozco.
¿Rasgo físico o de carácter que le ha hecho mayor daño?
-Mi rostro serio. Cara de palo me dicen algunos. Muchas veces, por ejemplo en una fiesta, se me acerca la dueña de casa y me pregunta: “¿No le gusta la fiesta, que tiene esa cara de enojado?”. ¡Nada que ver! Por dentro estoy disfrutando de lo lindo.
Posición suya frente al suicidio.
¿La autoeliminación? Mi posición es…firme contra el suicidio.
¿Qué le pica como un sabañón?
-La mujer que con una guagua aletargada en sus brazos se acerca al auto a pedirme “para alimentar al niño”… todos los días…en la misma esquina…desde hace un par de años. ¿Guagua prestada? Siempre queda la duda… y uno le da unas monedas… día por medio… por si fuera verdad…
¿Cuál es la reforma a la que más aspira?
-Una vuelta pacífica a la democracia, aún con sus imperfecciones, que permita el abrazo fraterno entre todos los chilenos.
¿Qué experimenta cuando lo elogian con sinceridad?
-Creo muy poco en los elogios. Más me impresionan las actitudes. Conozco a quienes me dan palmaditas en el hombro y que, a primera de cambio, tratan de empujarme por la borda.
No existe acuerdo entre los hombres sobre la calidad de la chilena como conductora de automóviles. ¿Con cuál de las siguientes definiciones estaría usted de acuerdo? Muy mala, pésima, mucho peor, otra (indicar)
-Regularcitas, no más. Son capaces -algunas- de pasarse al asiento trasero en busca de un ovillo de lana, en plena Alameda. ¡Ah! Pero a nosotros los hombres nos manejan harto bien.
Descartando las cosas obvias, ¿en qué le parecen enteramente distintos el hombre y la mujer?
-En la forma de llevar el carrito del supermercado. Ella es capaz de portar seis rollos de Confort y diez paquetes de Tampax a la vista de todo el mundo. El hombre lo cubre todo con botellas de cerveza o whisky. ¿Se ha fijado?
¿Hay algo hecho por usted que todavía le tenga el alma indigestada?
-Atropellé un perrito. Era de noche y no lo pude encontrar entre unas zarzamoras, cerca de Curacaví. Volví al día siguiente…pero ni huellas. ¡Qué remordimiento!
¿Qué posición suya en materias morales o profesionales es mal comprendida por sus colegas?
-Tengo entendido que mi multiplicidad. He oído quejas porque relato fútbol, leo noticiarios, soy actor cómico, escribo, etcétera. A esas críticas siempre respondo sin soberbia: “Es que me la puedo. Llevo 41 años de profesión y…lo más importante…en cada una de esas especialidades no cobro menos que los demás. Competencia leal”.
De sus contemporáneos, ¿a quién más admira?
-A mi hijo Patricio (Silva Soura), quien, luego de perder dos años de estudios, uno en España y otro en Holanda, se recibió con distinción, en idioma holandés, como economista y experto en derecho internacional. Lo hizo en cuatro años, siendo la carrera de cinco.
¿Cómo cree que lo ve a usted la empleada de su casa?
-No sé. Pero me sentiría satisfecho si dijera: “El viejo paga rigurosamente, el último día del mes…aunque no tenga un cinco para él…Me respeta las salidas y no se enoja cuando me quedo afuera…Me tiene la libreta al día”.
¿Qué actitud juvenil le impacienta?
-La pasividad con que se tragan esos bodrios de programas de TV estadounidenses, que se ofrecen principalmente los domingos, donde surgen humos, caretas diabólicas y muy escaso gusto en cuanto a música o letra. Entre estos programas y aquellos de balazos y choques de autos, se está “mentalizando” a una juventud tradicionalmente sana.
¿De qué se quejaban sus padres cuando usted era niño o adolescente?
-Perdía la ropa y los zapatos. Como era muy veloz, siempre los vecinos organizaban carreras…Ah, pero el Conejo Silva tiene que correr sin chaleco y sin zapatos. Son tres vueltas a la manzana. ¡Ya…se largaron. A la llegada habían desaparecido chaleco y zapatos.
¿Qué le desagrada más de usted?
-Mi papada. También la tenía mi papada…y la tiene mi mamada.
¿De qué fobia o temor infantil aún no logra liberarse?
-Poseo una especie de claustrofobia que me incomoda en el ascensor y no me permite, por ejemplo, bajar a un submarino.
De acuerdo con sus aspiraciones, ¿qué nación de hoy le satisface más por su organización social y económica?
-Por mi experiencia, Holanda. Sus 13 millones de habitantes viven felices disfrutando de una economía solvente, un trabajo bien remunerado y servicio de salud realmente notable.
Nota. Sergio Silva murió a los 60 años en 1988. Dos años y medio antes, por negligencia médica en Chile, había quedado en coma irreversible. Ver texto publicado en revista en formato PDF Sergio-Silva