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Rio Mekong | Pistas para viajar por los horizontes perdidos – Luis Alberto Ganderats
Rio Mekong | Pistas para viajar por los horizontes perdidos

Rio Mekong
Pistas para viajar por los horizontes perdidos

Instalado en la política y en el cine desde la guierra de Vietnam, el unico rio de Oriente que riega seis países aun oculta muchas de las maravillas del mundo. Luego de varios viajes en diferentes tramos del Mekong, un cronista recorre lo que le faltaba hasta completarlo. Y aquí hace un primer intento de mostrar de qué se trata.

TEXTO Y FOTOS: Luis Alberto Ganderats, DESDE LAOS

Confieso que he desfallecido. De confusión y frustración. La idea era organizar la información sobre el Mekong recogida en varios viajes por el Oriente, incluyendo este, el último. Pero este río tenaz se resiste a cualquier intento de simplificarlo. ¡Claro! Son muy distintas las emociones que produce. El Mekong es el único río que riega seis países de Asia, y es el cuarto más largo del continente. Son miles los obstáculos geográficos y políticos que opone; insuperables los problemas de comunicación en su territorio de cien lenguas y etnias diferentes. No hay manera de simplificarlo sin traicionarlo. Decidí simplemente mostrarlo. A ratos intentar una tarea impresionista, pero sobre todo entregarme a las manos de sus dioses infinitos. Ellos podrían ayudarme a conseguir que se abriera el apetito al viajero común y no solo al que nació con hambre de aventuras.

Lo primero que me ha sorprendido es el paralelo que aquí se puede hacer con Chile. La cuenca del Mekong —la suma de las tierras que riega— es igual en tamaño a nuestro territorio. Igual. También es igual en largo. Es como un Chile atravesado de Norte a Sur por un ancho río.

Ahí terminan las semejanzas.

El Mekong tiene un centenar de etnias, y setenta millones de habitantes en su cuenca. Una carretera une a Chile casi enteramente sin interrupciones. El Mekong no tiene ninguna, salvo esta carretera acuática. Y además, esta se halla interrumpida por cataratas, por saltos y asaltos, por zonas donde no manda otra ley que la ley del más fuerte. Hay guerrillas separatistas y ejércitos de los señores de la droga en el llamado Triángulo del Oro, donde se juntan Tailandia, Birmania y Laos, desde donde escribo.

MARAVILLAS EN EL CAMINO

No es fácil recorrerlo. Tampoco imposible. He tenido que hacer trasbordos, tomar atajos por tierra, cruzar puestos policiales a veces arbitrarios, a veces inseguros, casi siempre corruptos. No existe una línea de barcos de pasajeros que lo recorra de punta a cabo, ni nada parecido. Cada país ofrece navegaciones más bien cortas en su propio territorio; cuando más, hasta el país vecino. Casi siempre los tramos largos del río se cubren… por tierra, para acelerar o abaratar los tours. Hay navieras lujosas; hoteles flotantes donde no falta nada. Pero la mayoría son barcos sencillos, principalmente de carga, que aceptan pasajeros. En cada orilla vemos pueblos y alguna ciudad.

La única excepción es Birmania (hoy Myanmar), que tiene perdidos sus escasos 200 kilómetros de ribera del Mekong. Están controlados por la guerrilla. Es posible, sin embargo, fotografiar ese territorio vacío desde la otra orilla, desde Laos, donde pasé un día alojado en una rústica cabaña montada sobre pilotes. Porque —aunque parezca raro— el turismo florece en las mismas barbas de la guerrilla separatista. La ciudad de Myanmar más próxima al Mekong, se encuentra tierra adentro. Kengtung es grande, es bonita, es casi desconocida para el extranjero. Tiene cerca de 200 mil habitantes. Se levanta junto a un lago con despejados senderos para recorrer y muchas construcciones coloniales británicas. Todos los días hay mercado de búfalos de agua y su orgullo es una estupa budista de origen tailandés cubierta de plata, jade, rubíes, diamantes y zafiros. Está unida por tierra con la aldea de Tachileik, que está a unos metros del extremo norte de Tailandia, en Mae Sai, con un embanderado puente peatonal de por medio.

A pesar de las dificultades, quien se lo proponga podrá verlas orillas del Mekong en cada uno de los seis territorios nacionales por los que pasa. Y el esfuerzo será recompensado. La región oculta muchas de las maravillas del planeta. En nuestro camino aparecieron los templos de Angkor, semi tragados por la selva; la bahía vietnamita de Halong; las cuevas budistas de Pak Ou, cerca de esta dulce ciudad laosiana de Luang Prabang; los palacios de Bangkok y Phnom Penh, y el deslumbrante distrito de mil pagodas y estupas llamado Bagán, en Birmania.

APOCALIPSIS DEL DELTA

Entre los ríos del mundo, el Mekong tiene la biodiversidad más concentrada por hectárea. Es, además, uno de los grandes mitos del planeta. Más mítico aun desde que el cine de los 80 descubrió el tema de la guerra de Vietnam y se puso a reconstruir, y muchas veces a confundir, sus distintos episodios. Es verdad: la que fue una virtual guerra de exterminio casi siempre la hemos visto en pantalla como algo horrible que les ocurrió a los estadounidenses. No a los vietnamitas. Ni a los camboyanos. Menos a los campesinos de Laos. Pero esa distorsión no le quita, sino que le añade interés al viaje. Hace más rico todo contacto con quienes protagonizaron esa época desoladora, con invasores e invadidos que no murieron, pero que tampoco viven del todo. Apocalypse Now, Platoon y Forrest Gump representan aquí la agonía sin fin.

No son nuevos los dolores en el río. El Mekong ha sido más barrera que puente. Barrera movediza, testigo de múltiples conflictos entre pequeñas y grandes naciones que han existido en sus orillas durante milenios. Por eso, no es casual que casi no haya puentes sobre el gran río. Todos aspiran a vivir encerrados, protegidos. Pero como sucede a menudo, esa historia de rivalidades y guerras produce desplazamientos masivos de pueblos y tribus, los cuales terminan por dar forma a naciones culturalmente diversas y ricas. En un solo país podemos encontrar hoy decenas de etnias conviviendo en paz o con una paz inestable. Costumbres diferentes, religiones excluyentes. Entre pueblos separados por unos cientos de metros hemos visto distintas formas de construir, de cultivar, de orar. No se relacionan ni visitan. “No tengo nada que hacer allá” me dijo un guía nacido en uno de esos pueblos. En ellos hay muestras vivas de las costumbres de todo el Sudeste Asiático, y también de ese vecindario enorme de la India y China, de donde casi todos estos pueblos llegaron un día, asustados o hambrientos.

Para tratar de entender esta variedad de expresiones culturales, el viajero está obligado a ser un observador que abandone por unas semanas su manera de juzgar a pueblos y sistemas. Debe convertirse en una cámara que pase y registre; no condene ni celebre. Tal vez sea una fórmula demasiado pragmática, tal vez irreal, pero es lo que permite postergar todo juicio histórico, social y político para el día en que el viaje haya terminado y tengamos a nuestro favor la información recogida por nosotros mismos. Para eso, el viajero sale a recorrer. Quiere construir su propio juicio y disolver prejuicios. Es distinto el que parte del que vuelve.

Nace el Mekong en las heladas inmensidades del Himalaya, principalmente de la meseta tibetana oriental. Fluye al sur a través de China, Myanmar, Tailandia, Laos, Camboya. Muere en Vietnam. Sus aguas terminan cayendo sobre el Mar Meridional de China, a través de una multitud de brazos que forman el llamado Delta del Mekong, el escenario más recordado de la guerra de Vietnam. El Delta se halla muy cerca de la antigua Saigón, hoy llamada Ciudad Ho Chi Minh, desde donde Estados Unidos y Vietnam del Sur conducían la guerra. Ahí están los edificios y hasta los teléfonos y computadores mastodónticos usados en los años setenta. Después de la guerra, las fuerzas anticomunistas escaparon a Tailandia usando la ruta del Mekong.

MENOS CARRETE, MAS MEKONG

En sus orillas han florecido todas las expresiones del socialismo —incluyendo las peores-, y también las del capitalismo más brutal. La base del pueblo, sin embargo, nos emociona por la entrega en cuerpo y alma sus dioses. La cuenca del Mekong puede sumergirnos en las mayores miserias o elevarnos hasta algunas de las grandes alturas alcanzadas por el hombre. Este recorrido sirve por igual al mochilero escaso de dólares que al viajero de cama ancha y mosquitero de seda.

Hoy, muchos jóvenes, en vez de ir a Europa, se las arreglan para viajar a Bangkok o las islas Pi Pi en busca del placer fácil, Partiendo desde esa misma Tailandia, tienen una opción distinta: recorrer las legendarias aguas de este río, las maravillas ocultas del Sudeste Asiático, asomarse a sus pueblos, traspasar muchos umbrales para descubrir placeres y refinamientos de pueblos desconocidos.

Una magnífica ciudad vertical, Hong Kong, se encuentra a un par de horas de vuelo de Kunming, capital de la provincia de Yunnan. Esta es la capital y cuna china del Mekong, aunque se encuentra lejos de sus orillas. En pocas horas pude acercarme al gran río. Este territorio de horizontes perdidos que es el Mekong, ya lo decíamos, se inicia en los Himalayas chinos: exactamente sobre las mesetas congeladas del Tíbet. Sus aguas cruzan la provincia de Yunnan, donde le llaman Lacang, y después de pasar a Laos toma su nombre famoso.

Kunming es una interesan una maldición: grandes represas producen la electricidad que Yunnan y otras provincias chinas necesitan.

Los países de aguas abajo se ponen temblorosos cuando piensan en el futuro de su río. Siete megarepresas ya funcionan, y más de 20 están en construcción o en proyecto. Pero China es un vecino muy grande como para plantarle cara. Además, el 90 por ciento de los barcos que transportan mercadería por el Mekong llevan su bandera.

También hay temor aguas arriba, en el Tíbet. La región de Yushu, con glaciares que chorrean sin cesar, preocupa a los muchos budistas que por razones religiosas y políticas han atravesado la cordillera hasta Nepal y la India. En Dharamsala, donde vive la mayoría de esos inmigrantes chino-tibetanos no he escuchado sino malos presagios sobre la suerte del Mekong, y los otros dos grandes ríos chinos que nacen en Tíbet. Muchos de estos hombres llegaron atravesando pasos secretos en las montañas del Himalaya. Dicen que cada año el tránsito se hace más fácil por el derretimiento de los glaciares. Temen que si el deshielo continúa, se podría hablar del fin de sus grandes ríos.

El Mekong ha perdido ya el 70 por ciento de los glaciares que lo alimentan, me aseguró Shi Kaong, monje budista de 27 años y mi vecino de asiento (o cojín) en el monasterio del Dalái Lama. Compartimos una lánguida y singular ceremonia entre las 6 y las 8 de la mañana. Muchos monjes al ingresar se estiraron sobre el suelo, boca abajo, en señal de respeto. Pero al irse, salieron en tropel.

Desde la altura, la meseta tibetana efectivamente se ve muy despoblada de glaciares. Pero ahí, a unos 3.500 metros de altura, como por milagro, sigue naciendo el Mekong. Se mete por estrechos cajones a velocidades de vértigo rumbo a las represas. No son las únicas. Días atrás, un barco camboyano de la Luang Say Mekong Cruises me había acercado a la frontera con Laos para observar las cataratas de Pha Peng que el gobierno losiano quiere aprovechar para la producción hidroeléctrica. Las protestas retumban. Activistas montan lanchas rápidas y pasan entre los saltos, desafiando los peligros de la época seca, cuando el nivel del Mekong baja a la mitad.

Una ciudad de Yunnan, la provincia capital del Mekong chino, se llama Shangri La por razones turísticas. El gobierno comunista le cambió el nombre original, Zhongdian, al muy literario y mitológico de Shangri La pues en ella la paz tiene su domicilio. Es uno de los pueblos que inspiró la novela Horizontes perdidos. Este nombre resulta perfecto para sintetizar lo que parece la zona del Mekong. Horizontes perdidos no solo porque montañas, selvas y recodos del río bloquean la vista a lugares amplios. También porque en algunos sectores la política, la guerrilla, la droga y el libertinaje pareciera que se empeñan en ser una copia de esa geografía tumultuosa y perdida. Pero sabemos que todo aventurero quiere salir a descubrir, aunque a veces deba atravesar algunas naciones gobernadas por partidos únicos, por monarcas absolutos enamorados de sí mismos o por dictadores de gorra y garrote. O sea, el mundo de siempre, todavía. Pero mirados desde el turismo, ningún país del Mekong es de horizontes perdidos. Son horizontes abiertos para el que teje grandes sueños de viaje.

PARA NAVEGAR EL MEKONG

Un tour puede serla solución fácil y cara. La mayoría prefiere los viajes por su cuenta, para ahorrar y gozarla incertidumbre. Aquí, algunos recorridos y datos útiles para los busquillas electrónicos.

DE ANGKOR WAT A PHNOM PENH. En ambos sentidos se puede viajar en bus o barco. Es más caro el barco, y tarda seis horas. También se puede hacer un viaje mixto: bus y barco, Se navega por el Tonle Lep, que es muy ancho, y no se tiene una visión de las orillas por mucho rato. Puede resultar monótono. DE VIETNAM A ANGKOR. Dos empresas hacen cruceros de lujo entre Ho Chi Minh y Siern Reap, la ciudad de los templos de Angkor. Son Cruceros Pandaw (www.pandaw.com) y Toum Teav Cruceros (www.cf-mekong.com). DE CAMBOYA A VIETNAM. Todos los días, varias vecesal día, salen barcos baratos desde Camboyaa! Delta del Mekong, en Vietnam. El puerto de zarpe, Neak Leung, está a60 kilómetros de Phnom Penh, y para unir ambos puntos hay buses de recorrido en el mercado de Phnom Penh llamado Psar Thmei. Seis horas dura la navegación hasta el Delta. El barco llega a la ciudad de Chau Doc. Desde ahí es recomendable viajar a una de las dos ciudades del escenario principal de la guerra de Vietnam: Vinh Long o CanTho,y alojar en una casa particular. En la propia Chau Doc es posible iniciar un circuito independiente por el Delta. Hay varias compañías de barcos que ofrecen servicios directos entre Phnom Penh y Chau Doc. Blue Cruiser y Cuelgue Chau (la más barata de las dos). DE LAOS A TAILANDIA (Huay Xai / Xieng Kok): Uno de los viajes en barco más populares sobre el Mekong es esta travesía de dos días entre Luang Prabang y la localidad de Huay Xai, el paso fronterizo entre Laos y el norte de Tailandia. Luego puede seguirse en barco hasta Xieng Kok (4 horas). A LA FRONTERA CHINA. Luang Nam Tha, ciudad tranquila y sin lujos en el norte de Laos, suele visitarse como centro para hacer excelentes caminatas, bicicleta- das, bajadas de ríos en el vecino Parque Natural de Nam. Es punto obligado para llegar por carretera a la frontera china, a ocho horas de viaje hasta Huay Xai. DATOS EXTRAS:En autobús. Se puede pasear en Laos, Tailandia y Vietnam usando bus. El medio más popular para ir o volver de Camboya a Vietnam es una línea que pasa por Bavet, del lado camboyano, y Moc Bai en Vietnam. De Bangkokse viaja a Siem Reap a través de dos pasos diferentes. Hay buses que cruzan la frontera entre Phnom Penh, Camboyay el sur de Laos (Pakse).
Agencias confiables. Para orientarse mejor o contratar servicios, vea estos sitios. Viajes culturales, Cox & Kings (coxandkings. co.uk); de aventura: Explore! Cexploreworldwide.com). Fiestas en Camboya: Hands Up Holidays (www.handsupholidays.com). Expertosen este río, Mekong Travel (mekong-travel.com).

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