¿Qué tienen contra los faraones?

“Planeta extraño” se llama la sección de la revista Traveler del National Geographic en que se publica como única foto, grande y llamativa, la que muestra el resort chileno San Alfonso del Mar, en Algarrobo, y su piscina, que tiene récord Guinness. Los demás trozos del planeta extraño recogidos junto a San Alfonso son el Empire State, de Manhattan, por haber sido construido en 410 días; el cultivo de té en China, que casi llega a las 900 mil toneladas; una isla en forma de tulipán que proyecta crear Holanda, y los dineros que el Estado ruso recauda por la venta de vodka: 8 millones de dólares diarios. Del resort chileno, Traveler dice que su piscina es cool, con más de un kilómetro de largo. Los creadores de esta piscina XXL tienen ofertas para replicarla en varios países desarrollados. Mezquino sería negarles audacia y poco temor al riesgo.
Se han convertido, como vemos, en protagonistas modernos de la milenaria historia de los proyectos faraónicos. Una categoría que tuvo tentado a nuestro conocido Carlos Menem, quien se irritó cuando alguien queriendo descalificar sus proyectos usó el calificativo de “faraónicos”. Con una lógica inobjetable preguntó: “¿Qué tienen contra los faraones? ¿No nos dejaron esas hermosas pirámides que atraen a tantos turistas?”

Es un tema que ha tratado con prolijidad un virtual compatriota de Menem, el profesor de filosofía florentino Pablo Capanna, residente en Argentina, quien sintió la necesidad de dejar dicho que no cree que Keops fuera promotor del turismo. Alaba, sin embargo, los canales de Suez y Panamá, que crearon nuevos vínculos entre los continentes, cuando otros ingenieros se iban en voladas más ambiciosas, como cambiar la Tierra. Por ejemplo, el arquitecto-ingeniero Herman Sörgel (1885-1952), que luchó por crear un nuevo continente, en parte del territorio que ocupa el mar Mediterráneo. Se llamaría Atlantropa (ver ilustración). Quería aprovechar la diferencia de nivel entre el Mediterráneo y al Atlántico para generar energía eléctrica con una monumental represa y ganar para la agricultura una buena tajada del fondo marino. Así, Italia podría cultivar el mar Adriático, crecería Sicilia y las hermosas islas del Egeo serían una sola… Proponía construir en Gibraltar un dique de 35 km de largo y 550 m de ancho, con una formidable capacidad de producción eléctrica. Un segundo dique uniría a Sicilia con Túnez, y así podríamos viajar en tren desde Alemania a Sudáfrica. Y un tercero conectaría el Mediterráneo con el mar Negro, sobre los Dardanelos. Obviamente, Sörgel sabía soñar (foto). Soñando por la calle, un auto acelerado se lo llevó al otro mundo. Allá se habrá enterado que la ecología también cuenta, y que la chilena San Alfonso ha preferido juntar agua en vez de eliminarla, aunque -todo sea dicho- existe el riesgo de disneyficar el territorio con fines turísticos.