Perdiendo a Nemo

Buscando a Nemo parece un tsunami en cámara lenta, una lápida mortuoria sobre la Gran Barrera de Coral. Pensada como una cinta de animación en medio de la belleza submarina de Australia, el efecto no esperado fue que el área se saturó de turistas. Entonces, a la amenaza del calentamiento global -suficiente para dificultar la vida de esos pólipos-, hubo que sumar la contaminación por los desechos del hombre. Ahora, el experto oceánico Dr. Jim Mitchell, tiene noticias peores. Dice que los corales de la Gran Barrera desaparecerán antes de lo previsto, por culpa de una bacteria que se reproduce en forma natural.
¿Qué perderá el hombre con esta muerte anunciada? La Gran Barrera es la mayor construcción hecha por seres vivos en todo el planeta, si consideramos el tamaño de los animales constructores y las dimensiones de la obra. Las montañas de corales muertos -seis o siete veces más altas que las Torres Gemelas- no se formaron durante los 15 mil años que ese territorio se encuentra cubierto de agua, pues eso es apenas un segundo en la historia geológica. Han sido necesarios muchos millones de años, y una sucesión de hundimientos, afloraciones y nuevos hundimientos, para forjar los atolones y cayos que hoy vemos en la Gran Barrera.
A simple vista, resulta inexplicable que estas montañas coralinas afirmadas en las grandes profundidades, hayan sido construidas por animales minúsculos que sólo pueden vivir a unos 50 metros de la superficie, pues más abajo no encuentran plancton para alimentarse. Existe una explicación: casi todas fueron en su origen islas volcánicas que empezaron a sumergirse lentamente; tan pausadamente que dejaron tiempo a los corales para ir reemplazando el material de las cumbres que se hundían. Usaron elementos calcáreos con que ellos producen sus fortificaciones, los que después de un tiempo mueren. Así, formaron montañas de escombros sobre las tierras en proceso de inmersión. Bastó que bajaran un poco las aguas para que los corales muertos dieran origen a las playas polvo de talco y empezaran a llegar las blancas en busca del negro. O el príncipe Carlos y la princesa Diana a pasar su luna de miel en Lizard Island.
Tal vez nunca desaparecerán estas gigantescas ciudades submarinas. Pero se esfumará la magia de sus habitantes, incluido Nemo. Al final, todos sus colores podrán reducirse a uno solo: el del luto. En lugar del arco iris de los corales, habrá algas.