Navidad con la mesa servida
Es difícil entender lo que nos pasa cuando vivimos una Navidad en Europa. Desde luego, emociona el contacto con las tradiciones más puras, el poder recoger intactas las imágenes y la música que desde la infancia nos han acompañado cada diciembre. En estos días de fiesta y recogimiento, Europa –sin importar la edad que tengamos– nos hace recuperar nítidamente la niñez. Brotan recuerdos que creíamos enterrados. Todo esto se mezcla, naturalmente, con una espesa melancolía. No es habitual vivir una Navidad tan lejos. Pero debemos admitir que pocas experiencias de viaje pueden resultar tan seductoras como pasar estos días en la francesa Estrasburgo, recorriendo su mercado Christkindelsmärkt, vivo desde el siglo XVI; caminando Merano, en el Trentino; visitando ciudades de la antigua Alemania socialista, o en las calles iluminadas de esa alsaciana incomparable que es Colmar, en el Alto Rin, que prolonga sus fiestas hasta el Año Nuevo.
Al visitar estos lugares, un inexplicable calor parece llegar desde algún lugar impreciso de nuestro cuerpo haciéndonos olvidar los fríos del otoño y el invierno, como si al ser niños otra vez recobráramos la energía, olvidándonos de todo aquello que puede amenazarnos.

Si no tenemos una buena razón para pasar la Navidad en Chile, ¿adónde ir? Es una consulta repetida, siempre difícil de responder en pocas palabras. Lo intentamos aquí.
Desde hace siete siglos, Viena hace soñar con su “mercado del Niño Jesús“, el Christkindlmarkt. En el parque vecino, los árboles se encuentran iluminados con fantasía, como el “árbol de los corazones”, y pabellones con los cuentos de Navidad de la abuela, del árbol que habla y la Navidad de los animales. De los enormes abetos tiroleses, casi siempre decorados por la nieve, cuelgan caramelos y luces, y cada rama se enciende con un lazo rojo. Coros se escuchan por toda la ciudad, y las numerosas instituciones culturales que forman el Barrio de los Museos, el enorme Museums Quartier, organizan actos festivos hasta la madrugada del 24.
Bruselas puede ser el lugar más atractivo de todos, no sólo de Bélgica. Organiza sus Placeres de Invierno levantando casi 300 cabañas en un recorrido por los puntos más bellos del sector histórico, partiendo de la plaza Saint-Jean. Este año dedica su fiesta a la cuna de Papá Noel: Oulun lääni y otras ciudades de Laponia.
En la Europa fría los mercados navideños compensan de distinta manera la débil luz otoñal: los alemanes encienden velas rojas; los suecos, blancas, y los austriacos, moradas. Los búlgaros –tras años difíciles–, están iluminando en estos días el árbol de Navidad más alto de Europa frente a la catedral de Sofía. Es el faro universal de Navidad.
La mesa de los sueños se encuentra servida.