Montañas mágicas de Cuba
Entre mogotes que parecen cerros dibujados por niños, Cuba esconde cuevas como laberintos, el bosque más verde y pájaros enanos. Todo esto, y el mejor tabaco, hacen de la provincia campesina de Pinar del Río, el Aisén cubano. Su última frontera.
Por Luis Alberto Ganderats“Un mundo mejor es posible” leemos en un letrero a la salida de La Habana, y “Las ideas son invencibles”, en una aldea camino a Viñales. Al cumplirse medio siglo del triunfo de la revolución castrista, el desafiante “Patria o Muerte” ha ido languideciendo, para dejar paso a campañas de mayor eficacia y menor carga ideológica. El primer día de 2009, Raúl Castro, al anunciar la rebaja de algunos sueldos por la crisis económica universal, dijo: “Debemos ajustar todos los sueños a las verdaderas realidades”.
Es la Cuba que vemos esta vez cuando atravesamos el barrio elegante de La Habana, Miramar, con hermosos juegos públicos para niños, y hasta un circo de impecable carpa. Podría ser un barrio de Florida o de Europa, salvo por los prados a medio morir cantando y muchas toscas cortadoras de pasto.
De la bella Miramar seguimos camino hacia nuestro destino: la provincia de Pinar del Río, que en Chile equivale a Aisén. Fue la última zona descubierta para la economía y el turismo, porque se empezó a colonizar desde el otro extremo de la isla. Si en Aisén tenemos los mejores salmones, en Pinar del Río se producen los mejores puros del mundo. Sus paisajes campesinos están protegidos por la UNESCO y hay cuevas cársicas, como la de los Portales, donde el Che Guevara tuvo instalado su comando clandestino, previniendo una invasión desde los Estados Unidos. Algunas carreteras principales son simples. De doble tránsito, con su señalización en el piso bastante desvaída. Sin berma en gran parte del recorrido. Sin hoyos, pero muchos baches.
Hay ganadería pobre. Pocas casas campesinas. Todas sólidas y sin mucho carácter. El escenario se podría parecer al sur de Chile, aunque con mayor abundancia de palmeras.
Tierras del pájaro-mosca
Los guajiros viven preferentemente en los pueblos y aldeas, y los vemos acercarse a pie a los lugares de faena de caña azucarera. Hay miles de ellos que caminan pausadamente junto a la ruta. Es evidente la escasez de transporte rural. Muchos esperan, dispersos, pacientes, junto al camino. Abundan, eso sí, los tractores petroleros que acarrean caña azucarera, humeando como viejas locomotoras. Pasan muchos camiones de barandas bajas repletos de gente de pie, equilibrándose, como en nuestro Metro en las horas más pesadas.
Vamos camino a visitar dos áreas turísticas de montaña y valle, en ambos extremos de la provincia de Pinar del Río. Son conocidas por su belleza. Terminaremos la ruta en el valle de Viñales, casi legendario por su belleza natural.
Pero antes, a menos de 70 km de La Habana, ya nos hemos sorprendido con Las Terrazas. Es un complejo turístico de construcciones dispersas en medio de un territorio que la UNESCO declaró Reserva de la Biosfera, y donde el Estado plantó 6 millones de árboles. Los campesinos nos cuentan que al crearse la reserva, los que habitaban esta área de la Sierra del Rosario debieron buscar trabajo en otro lugar. Ya no se permitía cortar árboles. Pero todo cambió al morir la Unión Soviética, y la ayuda rusa a Cuba disminuyó hasta casi desaparecer. Al faltar petróleo, el transporte de pasajeros casi se hizo humo. Los campesinos se quedaron en la reserva, aceptando reducir sus ingresos a la mitad. Para darles trabajo se creó en Las Terrazas un centro vacacional y turístico.
En medio de una vegetación monumental hay un hermoso hotel blanco llamado Moka, y una serie de cabañas sólidas repartidas en un área muy grande. También alojamientos básicos, permitidos por el clima tórrido, sobre pilotes u horcones, con techo de palma cana y techos de palma real.
A los turistas se les ofrece circuitos de canopy, observación de aves, cabalgatas y jeep-safaris. Hay eco-restaurantes gourmet y cafés sencillos. Quedan restos de instalaciones cafetaleras que construyeron inmigrantes franceses a principios del siglo XIX, cuando la rebelión de los esclavos los obligó a salir de la vecina Haití. Muchos escogieron Cuba como nuevo lugar para producir con hombres negros comprados y no contratados.
El principal se llama Cafetal Buena Vista, utilizado hoy para el turismo. En uno de sus bosques abundan las bromas cuando los guías llevan a los visitantes para mostrarles el “árbol del turista”, porque que se pone rojo y se despelleja…Se trata de la especie centroamericana almácigo o indio pelado, de tronco largo y robusto.
En Las Terrazas conviven casi 900 especies de plantas superiores. Se escucha el canto del tocororo y de las aguas del río San Juan. Vuela el diminuto zunzuncito, colibrí de unos 5 cmm, llamado pájaro-mosca por su zumbido, o porque al nacer tiene casi el tamaño de una mosca. También hay peces ciegos en lagos subterráneos de la misma Pinar del Río.
Los cerros más dulces
Debemos avanzar 80 kilómetros al Oriente de Las Terrazas para llegar a uno de los paisajes campesinos más hermosos del mundo. Se trata de un área llena de cerros-islas llamados mogotes, cerca del viejo pueblo de Viñales. Son parte de la cordillera de los Órganos, llamada así porque si se le mira desde el mar parecen tubos de un enorme órgano catedralicio. Quien crea que las acuarelas chinas con paisajes que parecen puro invento, verá que son pura realidad. Como los mogotes de Viñales. Hay paisajes parecidos en China y pocos otros países (ver recuadro). Pequeños montes de cimas suaves, de laderas escarpadas, como hechas a sable.
Como tantas formaciones de piedra caliza, periódicamente se derrumban o hunden por las orillas, como podemos ver a veces en la boca de un glaciar. Aunque parecen enormes rocas compactas, tienen tantos vacíos que más parecen un cascarón. En su interior encontraremos cavernas en varios niveles. Imitan el ciclo del ser vivo, que tiene que tiene origen, desarrollo y desaparición. Se estima que en Viñales se encuentran en la etapa final de su desmembramiento y desaparición. Un viaje a esta región de Pinar del Río no sólo produce el máximo placer estético. También puede ser una excursión a la historia geológica del mar Caribe. Entre sus rocas -que tienen hasta 160 millones de años-, hay restos de reptiles que nadaban en sus aguas, y de animales terrestres como pterosaurios y dinosaurios y de las plantas que los alimentaban. Cubiertos de vegetación, con cafetales y casitas coloridas a sus pies, estos mogotes hacen del paisaje una obra de arte.
El mejor mirador que visitamos se halla en el km 25 de la carretera a Viñales, al lado del hotel Los Jazmines y el café-restaurante Mirador del Valle. A 200 metros de altura, la visión es fiesta para los cazadores de paisajes. Por estos días se terminan de reparar, tras el paso devastador de los huracanes Ike y Gustave.
Almorzamos un buen cerdo asado a la parrilla a los pies de un mogote llamado Dos Hermanas, a 2 km del pueblo de Viñales, que tiene cierta fama por un enorme mural hecho a principios de la Revolución con fines turísticos. El llamado Mural de la Prehistoria tiene más mérito por las dificultades que hubo que superar que por los resultados artísticos. Estuvo a cargo de un discípulo de Diego Rivera, Leovigildo González, quien dirigió a un pelotón de pintores improvisados que, descolgándose del mogote amarrados con cuerdas, dieron forma a un mural multicolor de 120 metros de alto por 180 de ancho, con figuras humanas y seres prehistóricos. A pocos metros de él se levanta el restaurante Mural de la Prehistoria, que hoy ofrece sabrosa comida cubana. Un paciente toro cebú llamado Tetino sirve de cabalgadura a los turistas que gustan obtener fotos pintorescas con este bovino de papada y joroba que siempre vemos caminar libremente en la India. Aquí es casi una mascota.
Corazón al galope
Un personaje universal de Pinar del Río es el productor de puros Alejandro Robaina, que los exporta a Europa. Ya tiene más de 90 años, y se le puede visitar en el valle de Vuelta Abajo, en su finca El Pinar, donde cuelga un letrero que dice “Prohibido No Fumar”. Él asegura que en su valle fuman hasta los fantasmas. Esta zona produce el tabaco de los Partagás, Cohiba, Vegas Robaina y otros palogruesos del tabaco cubano. Y aquí parece haber nacido la imagen ya popular del guajiro, el campesino cubano. Siempre montado a caballo, con sombrero al ojo y echando humo con su eterno puro, el guajiro es para los cubanos, como el gallego en los chistes argentinos, un poco simple. Lo identifican canciones que proclaman a voz en cuello las confesiones más dolorosas: “Porque yo en el amor soy un idiota, he sufrido mil derrotas.” Son canciones nacidas en Viñales de la sensibilidad de Polo Montañez, y recorren el mundo.
Famosas son también sus extensas cuevas en la piedra caliza. Sólo la de Santo Tomás tiene 46 kilómetros de galerías, sobre varios niveles. Esta Cuba subterránea la caminaremos siempre con el corazón alborotado. Y al recorrerla sobre la superficie nadie echará de menos las playas de aguas turquesa o las grandes ciudades coloniales. Siempre, de pura emoción, el corazón galopa en Pinar del Río. Es una Cuba de colección.
Mogotes en el mundo
Formaciones como éstas hay en pequeñas áreas de China (Huey Ling), Tailandia, norte de Puerto Rico, Jamaica y en las mexicanas Chiapas y Tabasco. El más bello paisaje de todos se halla en el norte de Vietnam, principalmente en la bahía de Ha Long, siempre llena de románticos sampanes chinos, en el golfo de Tonkín, donde explotara la guerra de Vietnam. Hoy se organizan masivas visitas turísticas desde Hanoi, la capital, con dos horas de camino por tierra. Los guías afirman que los mogotes nacieron cuando
un dragón se hundió en la bahía y con su cola prodigiosa partió la tierra en trozos, los cuales forman tal vez el paisaje marítimo más admirable que podamos ver en el planeta. Los mogotes cubanos de Viñales deben ser los más extraordinarios en tierra firme.
Dormir / comer
La mejor gastronomía de la provincia de Pinar del Río se encuentra en Viñales o cerca de este pueblo, en sus pocos hoteles y en restaurantes independientes. También suele ser buena en los “paladares”, que son restaurantes en casas particulares, de comida simple y muy sabrosa. Paladares es un nombre tomado en 1993 de la teleserie brasileña “Vale Todo”, cuya protagonista llegó a tener una cadena de restaurantes llamada La Paladar. En Cuba surgieron clandestinamente con la crisis producida por el término de la URSS. Sus precios oscilan entre 6 y 10 pesos cubanos (dólares) por persona.
Hoteles de Pinar del Río
Moka. Autopista de La Habana a Pinar del Río, km. 51, comunidad Las Terrazas, Candelaria. 482-778 600. Calidad 4 estrellas, desde 51 euros p/p. www.hotelmoka-lasterrazas.com
Rancho San Vicente. Carretera a Pto. Esperanza, km 33, Viñales. Dos estrellas. Cabañas desde 67 dólares.
La Ermita. A 1,5 km de Viñales. 53 (487) 796 071. Tres estrellas. Desde 81 dólares.
IslaAzul Mirador. Calle 23, San Diego de los Baños, Los Palacios. Cerca del PN La Güira. Antigua construcción, buen restaurante. 53 8482) 778 338Desde 35 euros.
Villa Aguas Claras. Ruta Viñales Km 7,.5. Dos estrellas. Desde 70 dólares.
Villa Soroa. Carretera a Soroa, km 8, Candelaria, Siera del Rosario. 53 (485) 23534. Desde 27 euros.
Restaurantes y paladares
Además de los restaurantes de hoteles, existen otras opciones donde probar “moros y cristianos” (arroz y frijoles negros), cerdo frito o asado, viandas fritas y ensaladas.
Casa de Don Tomás. Cocina cubana y española. Calle Salvador Cisneros 140, Viñales. En el No 6 de la misma calle, el paladar Villa Perchado.
Jurásico. Comida cubana y pollo a la naranja. Junto al Mural de la Prehistoria y al restaurante del mismo nombre, que ofrece cerdo asado y platos cubanos tradicionales. Carretera a Pons km.2.
Cueva del Indio. Manjar aborigen, el ajiaco, el coco amelcochado, tortas de yuca. Muy cerca de la gran caverna de ese nombre, y de los restaurantes Palenque Los Cimarrones, de comida criolla, y a La Casa del Marisco, kms. 38 y 36 carretera a Puerto Esperanza.Mirador Valle de Viñales. Comida ligera. Al lado del mejor mirador de Cuba.
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