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Marta Blanco | “A mí me gusta Aylwin” – Luis Alberto Ganderats
Marta Blanco | “A mí me gusta Aylwin”

Marta Blanco
“A mí me gusta Aylwin”

Publicado el 29 octubre 1990

La tristeza es el rasgo de carácter que le ha hecho mayor daño, nos confesó hace tiempo. Después de eso perdió a su hijo -músico, poeta en flor-, y hoy comparte su vida con dos hijas y algunos nietos, que viven en casas aparte, pero se mantienen cercanos. Puede ser definida sin temor como una de las intelectuales chilenas de formación más sólida y universal. Aguda y famosa, aunque no siempre comprendida, sus muchas lecturas y reflexiones suelen poner distancia entre ella y el hombre común.

Hoy, casi completamente alejada de su segundo oficio, el periodismo, sigue armando novelas o cuentos que demora en publicar por razones que no explica. Escribe ahora ayudada por su conviviente. Un personaje silencioso, rápido, fiel-de-fidelidad-absoluta, lleno de energía, escaso en años y que la tiene fuera de sí: su computador.

Ha dicho alguna vez que su rasgo de carácter más dominante, de niña, era ser mandaruna; “ahora ya voy siendo mandarina”. Debemos rectificarla. Después de conversar con ella más bien nos parece un licor de mandarina, una mandarina alegre.

Cuando ha comprobado que ciertas personas procuran evitar su presencia, ¿qué ha sentido? ¿Qué ha hecho?

Mi organismo practica el escape libre: me sube la presión y me baja la depresión.

Usted tendrá un fracaso definitivo en lo profesional o en lo matrimonial. Diga a cuál teme menos y por qué.

Se confunde, no está hablando con un personaje de Corín Tellado.

¿Cómo reacciona cuando le incomoda la soledad? ¿Qué hace?

La saludo como Francisco de Asís al lobo de Gubia, y ligerito me da su pata y somos amigas.

De acuerdo con su experiencia, ¿existe un placer físico igualado al que ofrece la sexualidad?

Por sus preguntas los conoceréis, dicen, ¿o me equivoqué de cita?

¿Qué le gusta hacer en las vacaciones de verano?

¿Acorralada por zancudos, lateros o lateados, persiguiendo un congrio frito como mandril y deshollejándome en el nombre del descanso? Sencillamente todo lo contrario.

¿Le gusta más Aylwin cuando sonríe o cuando se enoja?

A mí me gusta Aylwin. ¿Se imagina los problemas que tiene? ¿Se enoja, sonríe? Muchos estarían en la casa de orates tratando de organizar nuestro neo-surrealismo-académico-parlamentario-a-río-revuelto-Pater Noster. Hasta sus ministros se pelean con cadetes.

Perdone la brutalidad de mi pregunta, pero ¿qué cree que ganó la humanidad teniéndola a usted?

¿Y qué perdió? La naturaleza también ensaya. En estos tiempos de desamor y catastrofismo, toda vida es un más.

¿A qué le tiene miedo?

A casi todo y a casi nadie.

¿Qué sociedad actual le satisface más por la manera cómo ha resuelto sus problemas sociales, políticos y económicos?

E pur si muove… L’Italia, signore.

¿Se ha sorprendido actuando bajo el influjo de alguna superstición?

¿Sorprendido? ¿Y usted cree que yo pongo el sombrero sobre la cama, paso la sal en la mano, abro el paraguas dentro de la pieza, y que corro estos peligros voluntariamente?

¿Reforma a la que más aspira?

Urgente, la del sistema penal, y en especial la de los reformatorios y lugares de detención temporal de menores. ¿Cómo es posible que nos hagamos los desentendidos?

Se le ha permitido tomar un año sabático. ¿Qué hará?

Ir a conocer Chiloé. Ordenar mi biblioteca hasta dominarla por completo, no como ahora que me tiene a su merced. Y haría dedo para llegar a Venecia.

¿Suele hablar sola? ¿De qué habla?

Nunca hablo sola. Convido a mis amigos de viento y hago malones. Llega el que quiere: Houdini, Alberto Edwards, los Blest Gana, Rubén Darío, Tolstoi, Fu-Man-Chu, Pimpinela Escarlata, Sandokán. Entrada Libre.

De sus contemporáneos ¿a quién admira más?

Creo que Gorbachov es el nuevo Pedro de Rusia: anda cortando barbas y capotes, recorriendo el mundo, viendo qué ocurre más allá de sus fronteras para llevarlo a la madrecita Rusia. Siento especial agradecimiento por Vaclav Havel y Mario Vargas Llosa. Pero admirar es otra cosa. Ahí sólo cabe la madre Teresa de Calcuta.

De lo dicho contra usted, ¿qué le ha hecho gracia?

Que usaba adjetivos tipo ropero de tres cuerpos.

Cuando le viene una depresión, ¿qué recuerdo le ayuda a sonreír?

El problema de una depresión es que nada hace sonreír, y todo pierde valor, y se desintegra el sentido de la vida. Pienso que usted se refiere a lo que hoy día llaman “el bajón”. Que es como un rasguño en la pintura del auto. No es nada. ¿O acaso sería actuar como robots, sin cambios de ánimo?

¿Quiénes (o qué) hicieron de usted lo que es?

Mi padre fue por los caminos buscándome hasta que me encontró escondida bajo los ojos de mi madre (cito de memoria a Julio Barrenechea). Y las raíces del árbol familiar: mi abuelo Jorge y mi abuela Ema y todos saliendo de todos como muñequitas rusas ¿no?

Ver texto publicado en revista en formato PDF MARTA-BLANCO