Margot Loyola
“Con la Violeta tratamos de matar a un infeliz…”
Aunque por muchísimos años tiene como compañero de vida y de profesión a Osvaldo Cádiz, un hombre mucho menor que ella, hay algo en sus experiencias anteriores que no olvida.
“Pienso que el amor es poco duradero. Tengo una idea trágica de él. Yo despertaba grandes pasiones y después… nada. Eso me desangraba”.
Mujer franca y fuerte, Margot Loyola ha sido premiada y reconocida como cantante, guitarrista, pianista, compositora, folclorista. Nacida en Linares, Chile, en 1918, tuvo una gran amistad con Violeta Parra, que a ambas favoreció, a pesar de sus diferencias y alguna competencia inevitable, por pastar del mismo potrero: la investigación del folklore nacional.
Es mujer generosa y amante de lo que hace, pero la alegría le ha sido esquiva.
De lo dicho contra usted, ¿qué le ha hecho gracia?
-No sé si fue exactamente contra mí, pero fue gracioso. Después de ver la película Nunca en domingo, un grupo de amigos conversaba sobre la chilena que más se parecía a Melina Mercuri, y alguien dio mi nombre. César Cecchi, que estaba entre ellos, me lo contó. Y yo le dije “Schi, güena, ¿crees que soy p…? Y él me respondió: “Usted, mijita, es la encarnación de la prostitución universal”.
Cuente cómo experimenta y maneja su agresividad.
-Gritando. Para eso tengo buen pito y harto resuello.
Cuando se halla deprimida, ¿qué recuerdo le ayuda a sonreír?
– Ninguno. Mis depresiones son definitivas.
¿Qué le hace reír a carcajadas?
-Las tallas del roto. Déjeme contarle. Cierto día llevaba una pulsera de plata en el tobillo, y al atravesar un puente del Mapocho un hombre exclamó: “Mire la pitillita que lleva en la pierna”. Y yo le contesté: “¿Qué pitillita! No vis que es una pulsera de esclava…”. Y al tiro me dijo: “¡Con el manso p… que se gasta mijita, usted no es esclava de nadie…!”
¿Qué rasgo físico le incomodaba en su niñez?
-Que tenía el trasero seco y era colijunta. Actualmente se me ha pasado bastante.
¿Qué colecciona?
-Aros, cintas para el pelo y calzones.
¿Por qué siente mayor curiosidad?
-Por el Más Allá. Ojalá exista, de otro modo la vida no tendría razón.
Figura histórica nacional que más respeta.
-Raúl Silva Henríquez, por su profundo amor al hombre y su valiente defesa de él.
¿Qué es lo que más le gusta de sí misma?
-Mi constancia y mi paciencia para lograr lo que me propongo y deseo.
¿Ha sentido deseos de matar a alguien?
-Por celos, varias veces. Un día, con mi comadre Violeta Parra, planeamos matar a un infeliz. Nos falló el revólver… En buena hora, puesto que luego comprendimos que no valía la pena.
¿Desde cuándo que no llora?
-Soy muy llorona; las lágrimas descargan mi angustia. Hace una hora estaba llorando. Lloro por mí y por los demás.
¿Cuál ha sido su mejor edad?
-Entre los 14 y los 20. Aun la vida no había dañado mi alegría.
¿En qué toparon a veces usted y es esa otra gran artista llamada Violeta Parra?
-En nuestros postulados en el terreno folclórico. Tal vez lo más fundamental es que siempre sentí gran admiración por la disciplina y técnica académicas, y ella las rechazó. En el campo de la metafísica, nuestras ideas y opresiones eran coincidentes.
¿Qué le parece el día domingo?
-Triste y tedioso.
¿Qué siente frente a la homosexualidad?
-¡Sobre gustos no hay nada escrito!.
¿Qué siente cuando piensa en la muerte?
-La idea de la muerte me ha desvelado desde los seis años. Estoy tratando de resignarme, de aceptarla. No quiero dejar de ser. Cuando mi madre murió, la doctora que la atendía me dijo: “Su madre es ahora una gota de agua en el océano”. Esa frase me aterró. Pero un hombre chilote me dijo en otra oportunidad: “Cuando usted muera, llegará a la luz”. Quiero llegar a pensar y sentir como don Silvestre Bahamonde, quien ya llegó a la luz.
¿De qué fobia o temor infantil aún no se libera?
-Usted va a morir de la risa: le tengo miedo a los toros y aun a las vacas. Cuando niña, a mi madre y a mí nos embistió un toro, y logramos protegernos en una casa, milagrosamente. Aún recuerdo el golpe en la puerta de los cachos de ese toro desgraciado.
¿El libro que más ha influido en usted?
-La Biblia.
¿La mayor satisfacción que usted ha tenido?
-Haber podido calar hondo en el pueblo de Chile y sentir una reciproca identificación
Nota. Margot Loyola murió el 3 de agosto de 2015 Ver texto publicado en revista en formato PDF Margot-Loyola