Malta, Bilz y Pilsen

Cada vez que escuchamos hablar del ferrocarril al Sur -como ahora- no podemos evitar el recuerdo del cantadito grito ¡Malta Bilz y Pilsen! que acompañaba nuestros viajes turísticos infantiles. Nada nos parecía más propio. Más chileno. Pero el tiempo y otros viajes nos han dejado la decepción. Tenía sólo una relación muy estrecha con lo criollo: era una copia o al menos poco criolla.
Veamos.
Teníamos a la pilsen como bebida de bares obreros, oscuros, casi siempre miserables. El famoso “metro de Pilsen”. Hasta que en una visita a Praga, aprovechamos de prolongar el viaje hasta la ciudad de Plzen,en la hermosa Bohemia. Ahí supimos la verdad. En 1838 hubo una revuelta por la mala calidad de la cerveza local, y al año siguiente varios vecinos crearon una cervecería basada en técnicas de Bavaria. Sin esa revuelta y esa industria de Plzen -hoy llamada Plzenky Prazdroj-, en Chile nunca habríamos escuchado el grito Malta, Bilz y Pilsen.
Tampoco habríamos podido sin la familia Ebner Bielefeld, formada por un bávaro católico y una joven hebrea de confesión luterana. Fueron dueños de la histórica Cervecería Ebner, de la calle santiaguina Independencia. En 1902, un impuesto al alcohol hizo temblar el negocio cervecero. Para enfrentar la emergencia, Andrés Ebner se fijó en la gaseosa alemana Bilz, inventada por el médico Friedrich Bilz, seguramente vinculado con la villa Michelbach an der Bilz, cerca de Stuttgart. Sin permiso, Ebner le copió el envase, el contenido y el nombre. La chilenizó…

Nos va faltando Malta. Nada tiene que ver, desde luego, con el interesante país-isla del Mediterráneo, donde san Pablo habría creado una de las primeras comunidades cristianas, según cuentan Los hechos de los Apóstoles, y que formaba parte del paraíso perdido de la Atlántica, según Platón. La malta que conocemos en Chile resulta bastante menos evangélica y platónica. Su nombre viene del inglés malt, y se refiere a la cebada tostada y germinada artificialmente que se utiliza como ingrediente principal en la producción de cerveza. Malz le llaman los bávaros, y a estos alemanes la asociamos desde hace siglos. Han sido fundamentales en la historia de la cerveza moderna. Su Ley de Pureza, de hace casi 500 años, tiene firma de duque bávaro. Pero su historia burbujea desde mucho antes. Casi podría competir en edad con la isla de Malta. Según una tabla asiria de 4.000 años, la cerveza, hecha de malta, aromatizaba las bodegas del…arca de Noé. Y hace 6.000 años, en las aldeas del Tigres y el Eufrates ya figuran las abuelas de la cerveza. ¡Antes que el pan! El primer ferrocarril, en cambio, nació ayer no más, junto con el siglo XIX, y venía sin Malta, sin Bilz y sin Pilsen.