Lamballe
La capital de los Pinochet
Descubrimos -después de 300 años- el lugar de origen de una de las familias chilenas más divulgadas por la prensa en el mundo. Genealogista francés nos permitió confirmar en Bretaña la cuna campesina de Guillaume Pinochet, el fundador de la familia en Chile. Sin embargo, los Pinochet de Lamballe, de Saint Aaron y Rennes se niegan a hablar del tema.
Texto y fotografías: Luis Alberto GanderatsDesde Lamballe, Bretaña, Francia
Han puesto cara de póker al escuchar mi pregunta. No veo un gesto mínimo siquiera; ni un músculo facial fuera de reposo, ni un solo agujero por dónde meterme en el tema. Los ojos del encargado del archivo -llenos de vida hace pocos minutos- ahora lucen opacos, hueros.
Vuelvo a la carga.
-Solamente quiero saber en qué año nació aquí el emigrante Guillaume Pinochet. Hay miles de chilenos que descienden de él.
-Mmmmm.
-También mi abuela, fíjese, la abuela que más quise era Pinochet. Vivía en una ciudad llamada Quillota, cerca de Valparaíso. Quillota está tan cerca como ustedes de Saint-Malo. Era una mujer fuerte. Parecía bretona pura…
-Mmmmm.
Las dos mujeres y tres hombres que me escuchan en la ciudad de Lamballe sólo dicen mmmm. Y no es porque entienden mal mi francés. Puedo comunicarme con ellos sin dificultad con la ayuda de un colega francés que me acompaña. También es bretón, aunque trabaja en un diario regional de Bressuire, en Poitou. Jean-Yves Le Nezet -así se llama- usa todos sus argumentos para convencerles de que hablen y me mira con ojos de complicidad. Interviene también la dulzura de su mujer, Valerie, profesora bretona de lenguas muertas. Pero tampoco dan signos de vida las lenguas de esos cinco hombres y mujeres de Lamballe.
-Mmmmmm
Estamos en el más antiguo edificio de la ciudad, que lleva el número 5 de la Rue du Four, donde se reúnen siempre los miembros de la asociación Les Amis du Vieux Lamballe et du Penthièvre. Antiguamente vivía en esta añosa casa el hombre más temido del pueblo: el verdugo. Hasta hoy es conocida con ese nombre y por los méritos de su antigüedad figura en el escudo de armas de la ciudad. Es la Maison du Bourreau.
GUARDAR SILENCIO
Burros de porfiados han salido estos hombres de La Maison de Burreau. No parecen tan amigos de Lamballe como enemigos de cualquiera que se llame Pinochet. Pero estoy aquí porque me he informado en París que esta parece ser la capital de esta familia tan extendida en Chile. En ninguna otra ciudad de Francia hay tantos hombres con ese apellido. He contado dieciséis en el registro computarizado de teléfonos, una enormidad para tan pequeña población: Bernardette Pinochet, Jean-Charles Pinochet, Jean-Marc, Marie Paule, René, Simone, Ives, Eugene, Serge…
Ninguno se llama Guillaume –como el que emigró a Penco, Chile—nacido hace casi exactamente tres siglos. Ninguno se llama como los Pinochet que han hecho nuestra buena historia: Tancredo, Oscar, Héctor, Rafael, Gregorio, Marcos Fidel… Ninguno se llama Augusto, que viene del latín Augustus, y en sentido traslaticio, “venerable, sublime, divino, augusto”, como dice Gutierre Tibon en su Diccionario Etimológico Comparado de Nombres Propios de Persona (1956). Este texto, claro, tiene méritos como para estar incluido en otra obra del mismo autor, Divertimientos lingüísticos.
No hemos encontrado nadie llamado Augusto, como el que hoy es el más famoso de todos los Pinochet del mundo. El militar que convirtió el apellido no sólo en punto de partida de controversia universal, sino en un símbolo del cual parecieran sentirse muy lejos estos amigos de Lamballe, que ellos llaman Lambal-e.
Nuestro ángel de la guarda permite que se sume a la reunión un séptimo socio. Más maduro y mejor dispuesto a dar la cara (aunque sin llegar a la inmolación):
-No sabemos nada del Pinochet que se fue a Chile. Miles de bretones viajaban a América, porque eran sobre todo navegantes. Hicieron verdaderas hazañas en el fin del mundo, abrieron la Ruta del Cabo de Hornos, nada menos. Por eso, los campos de aquí estaban botados. Pero entiendo que ese Pinochet no era de aquí, era del pueblo vecino, de Saint-Aaron.
-¿Y por qué entienden que no es de aquí si no lo han investigado?
Por un instante, el recién llegado también pone los ojos hueros.
-Es que lo ha investigado el señor Daniel de la Motte-Rouge.
Es historiador y genealogista. Nadie sabe tanto de las familias de aquí.
Tenemos en las manos un hermoso libro, Lamballe et Penthièvre, cuyo prefacio, iconografía y edición estuvieron a cargo de Motte-Rouge. Una obra importante sobre la ciudad y su entorno, que llega hasta los días de la Revolución Francesa. El libro ofrece un dato curioso: fue presentado en 1993 por el alcalde… Labbé, no de Providencia, sino de Lamballe, llamado Fernand.
OPINION EXPERTA
-Aló, ¿monsieur De la Motte-Rouge?
–Oui– responde él desde el chateau De la Motte-Rouge.
Hemos marcado el 02-96-315175, y este noble descendiente de veinte generaciones de prohombres de la región del Penthièvre –donde ahora estamos- habla con la sencillez del intelectual sin almidones. A través de Le Nezet, mi colega-intérprete, nos confirma que Guillaume Pinochet, el fundador de la familia en Chile, abuelo de todos los que llevan ese apellido en nuestro país, nació ahí o – con más precisión- en el pueblito casi pegado, al que llaman Saint-Aaron, o bien, Lamballe-Saint-Aaron, porque ha nacido y crecido a su sombra. La abadía y la parroquia de Saint-Aaron estaban a cargo, por siglos, de monjes de Saint-Martin de Lamballe.
Hoy se encuentran separados por sólo unas cuantas cuadras de campo, y en su cementerio hemos encontrado una proporción de Pinochet más alta que en cualquier lugar de la región. Leemos en una lápida: “Aquí yace Aaron Pinochet”.
-¿Qué se sabe de los Pinochet?, Monsieur de la Motte-Rouge?
–Casi nada. Seguramente, eran campesinos o comerciantes. Gente sin historia. Sin fortuna. Muchos bretones emigraban y les era fácil, porque el puerto francés más importante en esos siglos era Saint-Malo, que está muy cerca de aquí, en el Canal de la Mancha. Desde Saint-Malo se diseminaron los bretones por el mundo. Por largo tiempo fue la región más pobre de Francia.
Los cabohorneros bretones–míticos navegantes por el Cabo de Hornos- ganaron fama mundial. El primer francés en hacer esa ruta fue un hombre de Saint-Malo, monsieur de Beauchesne (1698-1701), quien en 1698 intentó -sin éxito- establecer relaciones comerciales con Chile. En esos mismos años, 1696, al parecer, nacía Guillaume Pinochet, y es probable que en su adolescencia viajara a América con alguno de esos cabohorneros. O con un navegante provisto con su patente de corso, un corsario, sistema regulado en Francia pocos años antes.
La primera guerra mundial y la apertura del Canal de Panamá pusieron fin a esa larga historia de navegantes.
PINOCHET TRANSPARENTES
El libro sobre Lamballe recoge largas listas de funcionarios destacados y avanza a trancos cortos por toda la historia local desde el año 999 hasta 1786. No figura ningún Pinochet. Sus descendientes abundan hoy día, pero tardaron casi un milenio en salir de ese anonimato absoluto propio de los servidores de los más afortunados. La obra incluye también a muchos reos de delitos comunes. Hacen nata los Guillaume -Guillermo- también entre la gente importante, y hasta encontramos un verdugo que lleva ese nombre. Guillaume fue también un gran duque de la región.
Tampoco figura un Pinochet entre los procesados. Son seres definitivamente invisibles. Por ese tiempo medieval o poco después, lo que menos sufría un ladrón era el corte de una oreja o de las dos. ¿Viene de entonces la sordera de su gente? ¿De ahí los mmmm?
Tal vez han sido entrenados en el silencio, porque sangrienta es la imagen más conocida de Lamballe. La ciudad tuvo bastante importancia antes que la Bretaña pasara a formar parte de Francia, cuando todavía roncaban los señores feudales. Era la capital del Penthièvre (a veces, ducado, a veces, condado), y fue escenario de hechos muy importantes de esta gravitante región de Francia, que llegó, sin embargo, a ser la más pobre del país en el siglo XIX.
Hoy, Lamballe casi sólo aparece en las enciclopedias francesas por un hecho de sangre que salpicó la historia de la Revolución Francesa. Cuando la reina María Antonieta estaba prisionera en el Temple, tuvo una visión del horror: le mostraron frente a su ventana la cabeza de su querida amiga, la hermosa princesa de Lamballe, ensartada en la punta de una pica.
En las famosas “matanzas de septiembre” (1792) pereció esa princesa, llamada Marie-Thérese Louise Saboya-Carignan. Vio la luz muy lejos de Lamballe, y moriría unos 80 años después del nacimiento de Guillaume Pinochet, y medio siglo desde que éste fuera enterrado por sus hijos en una iglesia de Cauquenes, Maule (1741).
La princesa era inocente de cualquier cargo, salvo el de ser amiga de la esposa de Louis XVI. Su muerte fue muy lamentada por todos los que conservaban la cabeza fría -o al menos la cabeza- en esos días revolucionarios. Ahora, en 1997, logramos ver un enorme retrato suyo, de cuerpo entero, en la alcaldía de Lamballe, similar al que ilustra estas páginas.
Lo que no hemos conseguido, sin embargo, es lo que parecía más fácil: que hablaran los Pinochet comunes de Lamballe y de Saint-Aaron. Los telefoneamos uno por uno, o golpeamos las puertas de sus casas, para averiguar qué sabían sobre los Pinochet de Chile.
–Excuse-moi, Monsieur—
Todos se excusan diciendo que no saben nada. Para abreviar ese peregrinar, diremos que los Pinochet de aquí no quieren saber nada de los Pinochet de allá. Cuando tocamos la puerta en Lamballe nos mandan a Saint-Aaron, y si tocamos la puerta en Saint-Aaron, nos mandan a Lamballe.
O a la punta del cerro.
Algo parecido nos ocurre en Rennes, a 70 km de aquí, donde Alain Pinochet, Claire, Marthe-Helene, René…no sabían nada. “¡Quizá en Lamballe!”.
HUELLA AMERICANA
En Chile, la situación no es muy distinta. Antes de partir a Bretaña llamamos a al principal estudioso del tema familiar, el académico Oscar Pinochet de la Barra, autor del estudio Los Pinochet en Chile. Siglo XVIII (Editorial del Pacífico). Este Pinochet, embajador en Moscú durante el gobierno de Frei Montalva, consejero de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, miembro del Instituto de Investigaciones Genealógicas, jefe del Instituto Antártico y ex diplomático en Francia, nos confesó su contrariedad:
-Hasta ahora, el origen de Guillaume Pinochet sigue siendo un gran misterio. Se dice que se embarcó en Saint Malo, o que era de Saint Malo, pero he fracasado en los intentos hechos para que un experto francés me ayude a saber algo más seguro.
Al mencionarle Lamballe, dato preliminar que habíamos recogido en París, se mostró sorprendido y contento.
El señor De la Motte-Rouge -quien es el que parece conocer mejor lo poco que se sabe del origen de los Pinochet en Francia- no le era para nada familiar. Pero sí otro De la Motte, llamado De la Motte-Picquett. Es el nombre de la calle donde se levanta la embajada de Chile en París, de la cual él fue secretario en los días de González Videla.
LAMBALLE VIOLENTA
Al examinar la historia de Lamballe brotan tantos hechos curiosos como brutales. Lo curioso: uno de los condes del Penthièvre (sobrino de Juan Sin Tierra) era conocido como Hugo el Moreno o el Negro: Hugues le Brun. Y en Chile los Pinochet Le Brun, extensa familia de educadores, escritores y periodistas, eran los más famosos, hasta el 11 de septiembre de 1973…
Lo brutal: casi no hay página de la historia local en que los grandes no hayan dado muestra de pequeñez. Se encuentran sus registros llenos de traiciones, asesinatos, acciones devastadoras. Por ejemplo, para que otros no pudieran recuperar el poder perdido, el nuevo señor ordenó demoler el castillo de Lamballe. Quedó como si hubiera sido bombardeado e incendiado…Más tarde fue reconstruido desde sus escombros. Era el año 1420.
En esa misma época llega la peste negra, que no abandonaría ciudad por siglos. Hubo época en que había más cadáveres frescos en el cementerio que gente viva. Guillaume Pinochet y sus antepasados fueron auténticos sobrevivientes. En Chile, su apellido no estuvo lejos de extinguirse. De su esposa chilena (nos revela Pinochet de la Barra) tuvo al menos 10 hijos, la mitad varones, y solamente dos dejaron descendencia registrada, y así perpetuaron su apellido.
Uno de los hijos se multiplicó hasta el infinito en la zona del Maule, partiendo del pueblo de Chanco, donde vivía su abuela materna, la suegra del primer Pinochet. Ese primer hijo con descendencia se llamó Anselmo Pinochet de la Vega, nacido en la hacienda Conulemu de Chanco. Fue molinero y uno de los productores del original “queso de Chanco”, hoy desaparecido. Tenía esclavos de su propiedad y era considerado agricultor progresista en la región. Murió a los 43 años. De él viene Augusto Pinochet Ugarte, el historiador y diplomático Oscar Pinochet de la Barra, y una multitud de agricultores, funcionarios y profesionales de Cauquenes, Parral, Chanco y muchos otros diseminados por Chile.
El otro hijo que dejó descendencia, Pedro, se instaló en Quillota y las familias de ambos hermanos mantuvieron relación estrecha por un siglo. Quillota era el lugar preferido para vivir de los comerciantes y marinos extranjeros cuando Valparaíso figuraba sólo como un mal puerto y hasta dependía administrativamente del corregimiento quillotano. Este segundo hijo fue alguacil de Quillota -cargo comprado en remate- y minero de suerte variable. Este fue un personaje más aventurero y viajero, y descendientes suyos han pasado por el parlamento, la literatura, el periodismo y la docencia.
TURISMO EN LAMBALLE
¿Tiene méritos turísticos la capital de los Pinochet de Francia?
Es una ciudad pequeña en que la dignidad y la belleza están marcadas por su plaza medieval del mercado, ahora llena de autos. Llaman la atención la Casa del Verdugo ya mencionada, las iglesias de Saint-Martin, Saint-Jean y Notre-Dame, con su noble corazón gótico, y el chateau, con sus mil contorsiones.
Tentación mayor son las crêpes, genial invento gastronómico de la Bretaña campesina. Y las garettes, que son crèpes o panqueques hechos con harina de trigo negro o alforfón. La ciudad tiene decenas de lugares donde disfrutar de crêpes hechos de acuerdo con distintas tradiciones.
Todos deberían a salir a degustarlas, así como a visitar otras ciudades y pueblos bretones, partiendo por Saint-Malo, que fuera el principal puerto de Francia, y llegar hasta la frontera regional con Normandía para conocer la joya arquitectónica, marítima y religiosa de Mont St.Michel.
Cuando hablamos de Bretaña se nos viene a la cabeza el gran carácter de su gente y de sus pueblos y ciudades. El colega que me ha servido de intérprete voluntario y cordial en este recorrido tras la huella Pinochet, sabe bien cómo es su gente. Me dice Le Nezet:
-Somos como los vascos, los corsos y los catalanes. Nos gusta ser lo que fuimos, para siempre.
Quien fue Guillaume Pinochet
Se sabe poco de él -ni siquiera su apellido materno- y no existe recuerdo de su imagen. Gran parte de la documentación que podría servir para precisar su historia y su origen familiar fue destruida totalmente en Penco por el maremoto de 1730. Se casó a los 22 años con una chilena también joven, descendiente -como miles y miles de chilenos- de los conquistadores Francisco de Aguirre y Juan Jufré de Loaiza Montesa (por parte de madre), nacida en un hogar de agricultores acomodados. Se llamó Úrsula de la Vega Montero, cuyos antepasados, fieles servidores de la corona española, algunos de origen andaluz (al menos los Montero), lucharon contra los mapuches, “hallándose en las más locas corredurías y trasnochadas y reencuentros con el enemigo”.
Pinochet pudo nacer hacia 1696, ya que en 1738 declara en una escritura tener 42 años. Al igual de lo que pudieron ser sus parientes en Bretaña, fue comerciante -aquí de telas-, y luego trabajó la tierra. Instaló, además, una curtiembre en la vecindad de Chanco.
No era el único francés en Penco (la antigua ciudad de Concepción), en la que se radicó inicialmente. Otros dieron origen en ese lugar a las familias Morandé, Letelier, Bascur, Pradel, Duval. Se casaron con chilenas, que el viajero bretón de La Barbinais juzgó “bonitas, pero demasiado fáciles e interesadas”.
Ya tenía varios hijos cuando compró un campito viñatero (Copiulemo) a una pariente de su mujer, junto a la rada de Buchupureo, 40 km al norte de la desembocadura del Itata. Pero finalmente se instaló para siempre en Chanco, en la hacienda Conulemu, donde nacieron varios de sus diez hijos.
Maule se hizo así su patria chica, su segunda patria. Y tal vez alguno de los muchos que por tanto tiempo lo daban por nacido en Saint-Malo, un maluino (por St.Malo), habrán pensado que el cambio no fue dramático: pasó de maluino a maulino. Murió maulino y fue enterrado joven en la iglesia de Cauquenes, la ciudad principal del área.
Hombre católico, muy religioso, tanto que ante la ausencia de un cura, él mismo bautizó a uno de sus hijos. El mayor de todos se hizo franciscano. La orden tenía un convento al interior de Chanco, vecino al de los agustinos, frailes que él debó conocer en Lamballe, donde llegaron en el siglo XIII. Agustín se llamó uno de sus descendientes instalados en Quillota. Tenía poco de cristiano y agustiniano. Agustín Pinochet Ramírez, radical de los antiguos, echaba su caballo sobre las procesiones… para combatir el clericalismo de muchos quillotanos.
En Conulemu, Guillaume instaló una industria de cordobanes, fina piel curtida de cabro, que incluso exportaba al Perú colonial, que servían para encuadernar, hacer odres, botas, zapatos, monturas y riendas.
Guillaume tenía 45 años al morir, en pleno período colonial. Nadie dejó un retrato de su rostro ni un registro de su personalidad. Nadie lo recuerda cómo era.
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