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Guillermo Blanco | Decadencia, cualidad de la clase alta – Luis Alberto Ganderats
Guillermo Blanco | Decadencia, cualidad de la clase alta

Guillermo Blanco
Decadencia, cualidad de la clase alta

Todavía bastante joven fue elegido miembro de la Academia Chilena de la Lengua, con más méritos que la mayoría, pues -hijo de españoles- ama nuestra lengua de una manera poco común, a ratos como el cirujano ama su profesión: le gusta hacer un corte fino y profundo para mirar las palabras por dentro, ver como palpita la vida en ellas, conocer su pasado genético. También suele convertirse en médico legista. No le hace asco a los cadáveres lingüísticos. A veces ellos gozan de buena salud, y sus crónicas se reviven con palabras que son un hallazgo, sin caer en la pedantería ni el amaneramiento.

Ocurre a veces que su apasionamiento le consume el humor, y si bien no yerra el blanco, Guillermo Blanco aparece en sus crónicas menos regocijante de lo que sus ex alumnos quisiéramos verle. Son páginas de cuero de diablo, expresión que dio el título a una de sus muchas obras premiadas. Entre ellas -la primera en calidad- Gracia y el Forastero, su novela que terminó en el cine.

¿Qué necesita para ser feliz?

-Libertad. Me caería estupendo.

¿Situaciones que le producen ansiedad?

-Los abusos, los actos irracionales, la prepotencia. ¿Va viendo el lío?

¿Se ha sorprendido actuando bajo el influjo de alguna superstición?

-Si. Por ejemplo evito el número 11.

¿Qué siente habitualmente en presencia de mendigos?

-Indignación. Me acuerdo de Chicago.

¿Actitud femenina que le saca de quicio?

-Las actitudes no tienen sexo.

¿Cuáles son las profesiones o actividades más distantes de su vocación?

-Militar, futbolista, cantante de ópera.

Supongamos que se nos han perdido todas sus fotos. ¿Qué descripción física haría de usted para que nuestros lectores le identificaran sin dificultades?

-Aprovecharía de despistar: rubio, elegante, ojos azules. Me encanta la vida privada.

¿Personaje de televisión que menos tolera?

-En general, los locuaces fundacionales.

Rasgo de carácter que le ha hecho a Ud. mayor daño.

-La timidez, me atrevería a decir.

¿Se deja tentar a veces por alguna frivolidad?

-Sí. Saco crucigramas, hablo disparates, a veces contesto entrevistas.

¿Defectos notorios que usted advierte en la clase más alta de Chile? ¿Cualidades?

– Mediocridad, siutiquería, egoísmo.
¿Cualidades? Decadencia.

¿Defectos más notorios que usted advierte en la clase media? ¿Cualidades?

-Sangre de horchata.

¿En qué condición su vida se haría intolerable?

-¿Casi intolerable? Habría que progresar un poco.

Le preguntaron a E. Lafourcade de qué edad le gustaban sus pololas, y ese bandido respondió: “Pueden, incluso tener 20 años, siempre que estén bien conservadas”. ¿Le gustaría preguntarle algo?

-Sí: ¿Qué hora será ayer?

¿El peor defecto que aceptaría confesar aquí?

-Alguno que no tuviera.

¿Cosas de Chile que usted modificaría de inmediato?

-El régimen. Tiene cada día más delgado al país.

Fome… pesado… tonto… presumido… Si tuviese que escoger uno de estos adjetivo para su descripción personal, ¿cuál le resultaría menos doloroso?

-Fome. Además, es muy exacto.

¿Suele hablar cuando nadie lo ve y escucha?

-Sí, pero en voz baja para no oírme.

¿Lo que menos le gusta de usted?

-La irritabilidad.

Idealmente, ¿en qué cargo se sentiría Ud. empleando a fondo sus capacidades, satisfaciendo sus ideales y colmado su entusiasmo?

-Idealmente, en ningún cargo: escribiendo, solo.

¿Cómo es su relación con la angustia y la culpa?

-Intensa, muy fuerte. Me crié con un sentido casi físico de “estar en pecado”. Educa mucho. Y me enseñaron a que me importaran las cosas y las personas, de modo que la angustia es compañera de viaje.

Nota. Guillermo Blanco Martínez murió a los 84 años, en 2010. Ver texto publicado en revista en formato PDF Guillermo-Blanco