Enrique Bernstein
“Playboy me produce cierta nostalgia”
Hasta Juan Pablo II lo saludaba por su nombre y le conoce bien por las negociaciones de paz con Argentina. En París sigue siendo un hombre de mil amigos luego de su lucido desempeño como embajador durante los días de Frei Montalva. Y en Chile, tras 52 años de vida diplomática, “sobresale como un toro de la vacada”, como dijera Homero de Aquiles.
Por las negociaciones de paz con Argentina su nombre se hizo familiar a todos. ¿Para qué repetir, entonces, lo que ya se conoce? Mejor escucharle a los 75 años hablar de algunos temas personales y divertidos, de sus manías y obsesiones, temas que antes Enrique Bernstein tal vez eludió por razones de su cargo.
Ahora no tiene más cargos que el de padre de tres Juanes – Juan Enrique, Juan Sebastián y Juan Pablo- ; abuelo de otros Juanes y otros nietos, y esposo de Marta Letelier Llona, que acompañó a este doctor en ciencias políticas y licenciado en leyes desde un lugar discreto, como corresponde a una mujer de diplomático.
Así lo encontramos:
¿Qué sugerencias haría usted a la oposición democrática chilena?
-Que sea prudente y no amenace. Que comprenda que, para lograr su objetivo, necesita entenderse con la autoridad. Por tanto, no debe herirla. Por el contrario, darle seguridades de que cuando sea gobierno no practicará la venganza ni estará animada por el espíritu de revancha.
¿En qué condición su vida se haría casi intolerable?
-En el exilio.
Modelo humano que le atrajo en su juventud.
–Eduardo Frei Montalva.
¿Qué siente, don Enrique, frente a los desnudos periodísticos al estilo Playboy?
-Cierta nostalgia.
¿Se ha sorprendido actuando bajo el influjo de alguna superstición?
-Muchas veces. No dejo el sombrero sobre la cama, lo que me resulta fácil porque no uso sombrero. Soy capaz de correr para evitar que me cruce un gato negro, etcétera.
¿Cuáles son las profesiones o actividades más distantes de su vocación?
-Astrólogo y teólogo.
Describa sus vacaciones perfectas.
-Con toda mi familia y sin visitantes imprevistos.
Diga con cuál de los siguientes pecados capitales es usted más comprensivo: soberbia, envidia, lujuria o avaricia.
-La lujuria. Con los otros soy implacable.
¿El beso que más le gusta dar? Responda con prudencia.
-En la boca, cuando lo deseo.
¿Lo que más le gusta de usted?
-Que logro aparentar lo que no soy.
¿Cuántos son sus amigos?
-Muchos. Así lo espero. He hecho todo para tenerlos.
¿Qué prefiere que hagan con su cuerpo después de muerto?
-No quiero ni pensarlo.
¿Se deja tentar a veces por alguna frivolidad?
-No me dejo tentar. Pero practico las frivolidades sin darme cuenta.
¿Lo que detesta por sobre todas las cosas?
-La estupidez.
¿Cuáles son sus métodos o hábitos adquiridos para desenchufarse del trabajo durante sus horas o días de descanso?
-Sacar “solitarios” y caminar solo.
¿Qué hace para enfrentar los momentos de depresión?
-Converso con gente inteligente, aunque tenga ideas diferentes a las mías.
Obligado a nacer de nuevo y fuera de Sudamérica ¿qué cuna escogería?
-Austria.
¿Qué experimenta ante la presencia de gitanos?
-Temor a caer en la tentación de que me “saquen la suerte”.
¿Qué siente cuando viaja en avión?
-Terror.
¿Desde cuándo que no llora?
-Estoy notando una marcada tendencia a no retener las lágrimas, a medida que los años aumentan.
¿Cómo es su relación con la angustia y la culpa?
-Muy desagradable. Por lo general me angustian los problemas en los que no he tenido participación porque nadie me lo ha pedido.
¿Siempre duerme tranquilamente?
-No. Por lo general tomo tranquilizantes.
¿Cuándo cree haber divertido más a la gente?
-Cuando soy espontáneo y no trato de parecer divertido.
¿Qué le disgustaría más que se dijera de usted?
-Que soy envidioso y egoísta.
¿El día más pleno de su vida, descartando matrimonio y nacimientos?
-Cuando, encontrándome en Roma durante la mediación papal, alguien quiso presentarme a Juan Pablo II, y éste le interrumpió diciendo. “Nos conocemos muy bien. Trabajamos juntos por la Paz”.
¿Suele halar cuando nadie le ve y escucha?
-Mucho, cuando camino. Es la única oportunidad en que pienso en voz alta.
¿Cuáles son sus gustos de persona bien?
-Alternar con gente inteligente.
De todas las cosas que ha hecho o conseguido (sin contar su encantadora familia, por favor), ¿qué le ha producido mayor satisfacción o alegría?
-Haber contribuido a lograr la paz y la amistad con Argentina.
¿Le habría acomodado otra época para vivir? ¿Cuál?
-La belle époque. Con tal de haber sido noble y rico.
¿Qué experimenta cuando lo elogian con sinceridad?
-Un infinito agrado que trato de disimular.
¿A quién ve cuando se halla frente al espejo y no hay nadie más que usted?
-Felizmente, a mí Me asustaría mucho de ver a otros.
¿Por dónde y con quién van sus fantasías en materia de baile?
-Recuerdo con nostalgia el cheek to cheek.
¿La más bella de las famosas, de acuerdo con su gusto?
-Grace Kelly.
¿Qué parte de su vida le gustaría repetir?
-La juventud madura.
De todas las cosas propias de la vida matrimonial, ¿cuál es la más difícil de llevar armónicamente en forma indefinida?
-La comprensión mutua.
¿El más alemán de sus rasgos?
-Cierta profundidad de pensamiento.
¿Se atreve a dar el nombre de un chileno buen mozo? ¿O se sentiría disminuido en su virilidad si lo hiciera?
-Soy muy distraído en esa materia.
¿Qué haría si una mujer desnuda entrara imprevistamente al lugar donde usted se encuentra completamente solo?
-La observaría para apreciar sus condiciones físicas. En seguida, pensando en el calendario, le preguntaría inocentemente qué desea.
¿Qué cosas cambiaron o se terminaron en su relación de pareja con la llegada de los hijos?
-La relación se hizo más estrecha. Se le agregó el sentido de permanencia
¿Cómo quisiera que se le recordara después de muerto?
-Como un hombre que no hizo mal a nadie.
¿Qué tal es su comportamiento cuando se halla enfermo, y en general respecto a la salud?
-De gran preocupación. Temo, tal vez en exceso, a las enfermedades y sus consecuencias.
¿Qué siente cuando piensa en la muerte?
-Temor.
Nota. Enrique Bernstein Carabantes murió a los 80 años en 1990. Ver texto publicado en revista en formato PDF Enrique-Bernstein