En defensa de la mentira

Hermanos en la mentira son desde ahora la selva de cemento de Nueva York y el verde laberinto del Amazonas. Hace poco se anunció que desde el aire había sido descubierta “una tribu de indios, aislada y desconocida”, en territorio brasileño, sobre la frontera con Perú. Un funcionario del gobierno de Brasilia que vio cómo los indígenas que parecían volver de la Edad de Piedra apuntaban inútilmente con flechas a su avión, lamentó: “Lo que ocurre en esta región es un crimen monumental contra la naturaleza, las tribus y la fauna. No es otra cosa más que el testimonio de la completa irracionalidad con la que nosotros, el mundo ‘civilizado’, trata al planeta“. Y Stephen Corry, director de una organización que defiende a los pueblos que han optado por vivir separados de la civilización, la Survival International, dijo: “El mundo necesita tomar conciencia y asegurar que este territorio se encuentra protegido de acuerdo con las leyes internacionales. De otra manera, se extinguirá muy pronto.”

La emoción y el temblor se apoderaron de los lectores de todo el mundo, temerosos que esos seres humanos y el Amazonas fueran aniquilados por la fuerza bruta de la codicia. Pocos días más tarde, un diario reveló que esa tribu bajo amenaza no fue descubierta desde un avión en el 2008, sino que desde hace un siglo tiene alguna vinculación con representantes del gobierno, aunque vive muy aislada. La media verdad (o media mentira), sirvió, sin embargo, para que el mundo pusiera sus ojos y su conciencia en un crimen que se comete día a día en el Amazonas (Foto de Ricardo Stuckert).
Este mismo pecado venial (de fácil perdón) es el que cometió el catedrático de la Universidad de Nueva York Alan Sokal (foto), doctorado en Física por la Universidad de Princeton. No estaba preocupado por el Amazonas, sino de proteger la confiabilidad de las publicaciones científicas para aumentar el rigor en el debate de las ideas. Envió a la reputada revista Social Text, de Duke University, una colaboración escrita en lenguaje oscuro y de premeditado razonamiento incoherente, con el título Transgrediendo los límites: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica. La revista lo publicó en una de sus ediciones especiales, y el Dr. Sokal, ese mismo día, en otra publicación, explicó su engaño. Dijo que ese artículo sin pies ni cabeza lo había enviado para averiguar si Social Text aceptaría cualquier tontera que “adulara las preconcepciones ideológicas de los redactores.”
El llamado “asunto Sokal” merece ser recordado, después de 12 años, a propósito de las tribus amenazadas del Amazonas. Y no para ocuparse de un asunto menor, como es la calidad de los filtros de ciertas agencias de prensa, sino de otros filtros. Vemos que los Goliat de las multinacionales rara vez usan filtros éticos en sus emprendimientos destinados a tomar control del planeta, de vidas y haciendas. ¿Qué puede permitirse hacer David para proteger los grandes intereses de la especie humana arrollada por intereses y procedimientos virtualmente incontrarrestables? No lo sabemos. Las fórmulas en que para hacer un defensa eficaz se le dobla la nariz a una virtud -como es hablar con la verdad y nada más que la verdad-, utilizadas para proteger el Amazonas de la avidez humana y para evitar el fraude en las publicaciones universitarias de prestigio, dejan abierto el debate. A nosotros -digamos la verdad y nada más que la verdad- no nos parece legítimo condenarlas.