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El purgatorio de Amín (Parte 2) – Luis Alberto Ganderats
El purgatorio de Amín (Parte 2)

El purgatorio de Amín (Parte 2)

Este reportaje pone fin a una breve serie sobre Uganda preparada por enviados especiales de Revista del Domingo. Esta serie se inició en la edición anterior con el reportaje  “El paraíso de Amín”

Devastadoras purgas políticas y militares han dado su sello a la Uganda de hoy, pero esta no sólo se encuentra lejos del paraíso, sino también del infierno que pintan las agencias noticiosas. En estas páginas se intenta mirar el fenómeno político ugandés sin lentes de aumento ni cristales deformadores.

Se ha acostumbrado el mundo a escuchar que Amín les desea mal a sus enemigos. No es cierto. Amin no les desea mal. Les hace todo el mal que puede. Eso debe reconocerse como primera cosa. Pero nuestra propia experiencia en Uganda, muchas conversaciones con gente que se ganó nuestra confianza en Kampala, y el análisis de centenares de crónicas, cables, libros y otros textos sobre el régimen de Amín, permiten entregar aquí una imagen que tal vez se aproxime un poco más a la realidad y menos a la caricatura.

Desde luego -por razones que explicaremos- la imagen de Amín en gran parte del país es buena. Llegó al gobierno luego de derrocar a Milton Obote, un miembro de la tribu longi, nortino, déspota y odiado por casi toda la población, salvo la del Norte. En Kampala, la capital, Idi Amín fue recibido como un libertador.

Todas las matanzas de que es responsable han afectado en forma masiva sólo a tribus nortinas: longi, la de Obote, y otra llamada achioli. Considerando las ancestrales rivalidades entre las tribus en un país de 10 millones de habitantes todavía sin concepto de nación, congelado en una mentalidad tribal común a casi todo el África negra, dichas matanzas no tienen igual significado que en países occidentales, por ejemplo, como las de la ex Yugoslavia. O bien carecen de toda gravedad, para convertirse en acciones legítimas a los ojos de otros tribeños.

AMIN, El BUENO

La buena imagen general, sin embargo, Amín la ha logrado fundamentalmente porque mantiene al pueblo de Uganda sin información sobre los hechos más traumáticos de su régimen. El hombre común cree que Idi Amín sobresale en el mundo por una heroica batalla en contra de la soberbia británica y la de otras potencias. Muchos jóvenes visten camisetas en que aparece el dictador llevado en andas por ciudadanos ingleses -tomada de una ya histórica foto- con la siguiente lectura: “Idi Amín, rey de África-Conquistador del Imperio Británico”.

Nadie en Uganda sospecha que su presidente se ha ganado en todo el planeta una magnificada fama de sanguinario, loco o payaso. Los tres periódicos, la radio y la TV pertenecen al Gobierno o a grupos que lo apoyan. No entregan ni una sola información discrepante. Y el régimen aprovecha bien todas las tribunas. Programa cuidadosamente supuestos atentados contra Amín (otros suelen ser auténticos) y luego destaca que “nadie puede con él”.

Algunos ajusticiamientos de militares y civiles comprometidos en enormes contrabandos de café a Kenya fueron debidamente difundidos, puesto que en verdad provocaban un grave daño a la ya mustia economía ugandesa. Pocos ciudadanos podían, en consecuencia, condenar tales ajusticiamientos. Y Amín ganaba puntos.

También su imagen ha podido mantenerse discretamente buena por su casamiento con cuatro mujeres bantúes. Amín es nilótico, y en consecuencia, no debería contar con mucha aceptación de los bantúes, que constituyen la mayoría. Pero gracias a sus matrimonios ha quedado vinculado a éstos, que tienen a orgullo poseer las mujeres más lindas del país.

ETNIA DE FEOS

Además, los nilóticos controlan casi todas las jefaturas militares desde que Amín encabezó y diezmó al Ejército. Este se encontraba formado en buena parte por longis y achiolis, las tribus que daban su sustento al derrocado Obote. Desde entonces los nilóticos mantienen sobresaltada a la población femenina.

Nos dijo un funcionario ugandés de origen bantú:

La mayoría estamos de acuerdo con el Gobierno, pero los nilóticos ambicionan a nuestras esposas, a nuestras hermanas, a nuestras hijas, y tratamos que ellas salgan lo menos posible de las casas. Son molestadas con intenciones de conquista.

Este funcionario ugandés, bastante parecido a Sammy Davis Jr. -ningún Adonis, por cierto-, se burlaba de la fealdad gorilesca de los nilóticos con gestos muy expresivos: abría la boca como en un gruñido y aplastaba sus fosas nasales hasta dilatarlas, “Así son. ¿Se ha fijado?”.

Así es la caricatura de Amín, como el mundo lo sabe. ¿Cómo es de carácter?

 “Irreductiblemente humorista” dicen quienes lo han conocido desde su época de cocinero del ejército británico. Un humor, eso sí, que puede transformarse en el más temible mal humor, como lo han comprobado sus enemigos, aunque rara vez sobreviven para dar testimonio.

Famosas son ya sus pitanzas a la Corona Británica; a Nixon (“deseo a Ud. muchos y muy felices nuevos Watergates”, le cablegrafió en plena crisis de su gobierno). Puede hacer lo mismo con todos los principales gobernantes de la Tierra, sin olvidar al todopoderoso Kissinger. A Isabel II le arruinó la celebración de su Jubileo anunciando que llegaría sin ser invitado. Todo el mundo estuvo más pendiente de él que de la soberana, y una carcajada recorrió el mundo cuando hizo trascender la noticia de que su avión volaba hacia Londres, que se lanzaría en paracaídas. Luego se supo que no se había movido de Kampala.

Su humor (que los psiquiatras se encargan de clasificar sin mucha delicadeza) es tan grande como su venalidad, según muchas informaciones. Cierto periodista británico dijo socarronamente: “El señor Amín no es un hombre pobre”. Y recordó que antes de acceder al poder estuvo a cargo de la compra de oro y marfiles destinados a financiar guerrillas en el Congo, pero buena parte de los fondos casi desfondaron las cajas de caudales del banco en que los depositó… a su nombre.

TRATANDO DE ENTENDER

Hijo de una pobre bracera que trabajaba para patrones hindúes, y de un campesino también pobre (ambos se separaron cuando él nació), la niñez de Amín no puede exhibirse como un ejemplo de felicidad. Tal vez por eso ha tratado de gratificarse más tarde con todo tipo de placeres y títulos. Ahora firma todos sus documentos oficiales con la siguiente retahíla: Mariscal de Campo, Doctor, Profesor Idi Amín Dada, VC, DSO, MC, CBE, Presidente Vitalicio, Defensor de la Fe Islámica y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Uganda…

(Los cuatro grupos de siglas corresponden a condecoraciones auto otorgadas. CBE, las últimas, indican un titulillo: “Conquistador del Imperio Británico en Uganda y en África toda”, o algo así).

Tal vez su niñez desvalida en el hogar de esa madre mal pagada por terratenientes hindúes y pakistaníes, pueda explicar en parte su violenta razzia contra los orientales hecha en agosto de 1972. Expulsó al 99 por ciento de ellos, propietarios del comercio y la industria ugandesas, dándoles algunas semanas para liquidar sus negocios y pertenencias. La mayor parte trabaja hoy en Kenya, país donde cuesta encontrar a comerciante que no sea paquistaní o indio, pues mucho antes de la razzia tenían gran parte de sus fortunas…fuera de Uganda.

Pero si en su niñez (y en el abuso de los orientales) puede encontrarse explicación de dicha medida, no hay una tan clara para entender  la eliminación (a menudo por asesinato) de casi todos los que han gobernado con él en estos seis años, e incluso un obispo opositor. El británico David Martin adelanta una hipótesis:

-Llegó al poder para impedir que el presidente Obote lo eliminara a él, que era jefe de su ejército. Después ha tenido que seguir matando para que no lo maten.

Resulta particularmente cruel y drástico para eliminar a todos aquellos que de alguna forma han conspirado. En especial con todos los sospechosos de tener algún tipo de contactos con el derrocado Obote, quien vive en la vecina Tanzania y que organizó años atrás una invasión armada con miembros de su tribu asilados en esa nación.

CORTE SUDANESA

Para su tarea represiva utiliza varios miles de mercenarios sudaneses, cuya lengua conoce más que ninguna otra, pues su padre vivió largo tiempo en el sur de Sudán o en la zona fronteriza. Muchos critican a Amín por echar mano a dichos mercenarios -buenos y crueles guerreros-, pero la verdad es que durante un siglo los ejércitos ugandeses han contado con esa ayuda. Se trata de tribus que mantienen violentas guerras (500 mil muertos en la última) con otras que habitan territorio sudanés, y Uganda siempre les ha prestado ayuda.

También Israel ha ayudado a estas tribus sudanesas, para debilitar al gobierno central, tenaz enemigo de los judíos. El propio Amín sirvió de enlace. En esta tarea hizo buenos contactos con Israel y así pudo recibir ayuda como jefe militar, ayuda a la que puso fin poco después de llegar al poder y que se convirtió en amenaza de guerra luego del episodio de Entebbe.

Para proteger su vida y su gobierno no le basta, sin embargo, con la protección de los sudaneses. Llama la atención comprobar que los uniformados vayan sin armas, salvo rarísimas excepciones. (“No confía en mucha gente, y cualquiera puede asesinarlo”, nos dijeron). Hasta los funcionarios de prisiones que están a cargo de un grupo de presos que trabaja en su club privado, parecen no llevar armas. Al menos no pudimos vérselas cuando tuvimos contacto con ellos durante un curioso episodio relatado en el reportaje del domingo último.

¿CAMBIO DE GOBIERNO?

Todas esas medidas mantienen a Idi Amín bastante firme en el gobierno. No quedan en el Ejército fuerzas capaces de cambiar el régimen, aunque dieran muerte al Presidente. La juventud universitaria -de extracción social alta- lo ha combatido con propósitos democráticos, pero sin éxito. Nada hace presumir que lo vaya a alcanzar pronto. Un pequeño grupo guerrillero se mella los dientes con las fuerzas armadas de Amín, y los países vecinos que más lo combaten -Kenya y Tanzania- poseen un poder de fuego comparativamente más bajo.

Por su parte, las grandes potencias occidentales enfrentan a Amín sólo retóricamente. No toman medidas que pudiesen desestabilizarlo. La Unión Soviética no lo combate en ninguna forma. En nuestro hotel, el principal de Uganda, los únicos blancos que llegan son soviéticos (incluso con sus familias), encargados de vender armas y entrenar a los oficiales de Amín. Pero -según se estima- el Gobierno mantiene frente a los soviéticos una actitud cautelosa, de ninguna manera entreguista, a pesar de las apariencias. Los soviéticos -que no siembran sobre piedras- siguen allí. Algo consiguen, desde luego. Entre las pequeñas cosas visibles, el voto de Amín en la ONU contra del gobierno de Pinochet por violación de los Derechos Humanos.

Dura sigue siendo la situación económica por la expulsión de los asiáticos y de los pocos blancos que vivían en Uganda. También a causa de sus conflictos con Tanzania y Kenya. No hay hambre, sin embargo. Amin se salva gracias a muy buenas cosechas de café y otros productos agrícolas que alcanzan altos precios internacionales. También, gracias a los buenos rendimientos. Los del café suelen ser los más generosos de la Tierra.

PARAISO DESGRACIADO

En síntesis, algo huele mal en las informaciones que diariamente se ocupan de Uganda y su gobierno. Muchos salvajes asesinatos son irrefutables, pero lo son tanto como los de muchísimos gobernantes de África y otros continentes, que mantienen buenas relaciones comerciales y políticas con las grandes potencias. Amín, en verdad, no desborda gran cosa el esquema africano, salvo en su casi enfermiza necesidad de propaganda, en su desenfado y en su retadora actitud frente a los antiguos y nuevos países colonialistas.

Por todas esas razones, algunas agencias de noticias que abastecen el mercado periodístico han hecho de Amín un dictador diferente a muchos de sus iguales. Por todas esas razones Uganda está completamente vacío de turistas, y sólo atravesando sus fronteras sin visa-como lo hizo Revista del Domingo– y cotejando informaciones sin juicios a priori, es posible descubrir muchas cosas. Descubrir que su capital no es una aldea salvaje, sino un paraíso de belleza; que su pueblo nos entrega muchas lecciones de limpieza y hospitalidad; que la pobreza resulta más humana y tolerable que en países autodefinidos como modernos, y que Uganda… no se merece la condena de tener un presidente vitalicio como Amín.


Hay cosas, sin embargo, en que cuesta ponerse frente a Idi Amín, ponerse al otro lado de la barricada, pues, como otros gobernantes de su generación, Amín ha procurado que sean africanos los que gobiernen África. Sin tutores. La verdad es que no me fue posible disimular la alegría de ver sólo hombres negros al frente de todas las actividades ugandesas. Mal o bien, comienzan a fortalecer sus alas para volar sin la ayuda extranjera. Ayuda que no pidieron, aunque si necesitaron en alguna etapa. Ayuda por la cual pagaron, eso sí, un precio exorbitante y aprendieron lecciones tremendas. Entre esos aprendices, Amín figura con tres coloradas.

Nota. Idí Amín debió huir a Libia, en helicóptero, ocho meses más tarde, cuando tropas tanzanias y de ugandeses exiliados partidarios del longi  Milton Obote  -esta vez con éxito- se tomaron Kampala el 11 de abril de 1979. Meses antes, Amín había invadido un pequeño territorio fronterizo de Tanzania. Milton Obote llegó nuevamente al poder al año siguiente, mediante fraude electoral. Amín murió el año 1983, en Jeda, puerto de La Meca, protegido por el reino musulmán suní de Arabia Saudita. Ver texto publicado en revista en formato PDF El-purgatorio-de-Amin