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El Partenón en negativo – Luis Alberto Ganderats
El Partenón en negativo

El Partenón en negativo

La Acrópolis de Atenas nos hace ridículos. Desde su cumbre, el Partenón voló a todos los continentes como una semilla. Sus formas florecieron en miles de edificios públicos, palacetes y museos, siempre con un error de origen: las imitaciones son blancas o de piedra clara, de un solo color. Monótonas. Y el verdadero Partenón nació con dorados, rojos, azules. Sus esculturas magníficas no eran de mármol desnudo. Todas -salvo las de bronce- estaban cubiertas de varios colores vivos. Apliqués dorados sobresalían en el remate de la techumbre. Los muros interiores lucían pintura roja, y también había pigmentos en el techo, las hojas, los rosetones. El fondo de sus bajorrelieves era púrpura y añil. Al largo friso le acompañaba una greca terracota, con hojas blancas y rojas, y un filete dorado. En su interior brillaban enormes imágenes de bronce y de mármol recubierto de placas de oro con incrustaciones de piedras preciosas. Probablemente, hasta las columnas estuvieron  pintadas. El hombre moderno, sin embargo, conoció restos descoloridos, sólo formas; no colores. Prefirió imitar que investigar. Lo que admiramos y copiamos, digámoslo así, es una foto en negativo.

Alguien puede creer que su actual monotonía de color es sólo el resultado de la erosión de 2.500 años. No. Siete siglos después de construido, con el paso de los bárbaros se inician las destrucciones, hasta hoy. Sucesivos invasores lo transforman en templo bizantino, iglesia latina con campanario, mezquita con minarete. Los primeros cristianos dañaron sus frisos intentando borrar -torpes- las imágenes de otros dioses. En 1687, a punta de cañonazos, los Dux de Venecia lo partieron como una nuez, cuando las tropas otomanas lo tenían transformado en almacén de explosivos. El fuego lo consumió durante dos días. Luego pisa el Partenón otro representante de la cultura occidental: un lord, embajador de Inglaterra ante el monarca turco. El sultán le permite llevarse a Londres casi todos los frisos y otros mármoles de la Acrópolis. Hoy, más de la mitad de ellos sigue en el Museo Británico. La Corona se niega a devolverlos. “Son posesión legal del Museo“, afirma su vocero H. Boulton, sin sonrojarse.

Para estos días de septiembre se ha anunciado el fin de las obras del nuevo Museo de la Acrópolis, levantado en el plano, muy cerca de la colina. Se abrirá el 2008. Se creó un espacio deslumbrante para los 160 metros de los frisos del Partenón. Por ahora, claro, los griegos deberán rellenar los lugares vacíos con pura indignación.