El miedo y los pasados de rosca

Viajeros que han perdido un tornillo, o están un poco pasados de rosca. O sea, la tuerca no entra bien en la rosca del tornillo cuando se trata de divertirse. Nos referimos a los adictos a caminar sobre el precipicio de adrenalina. Son tantos, que alimentan algunas de las áreas más potentes del ocio moderno: el turismo de vértigo, espanto, brinco y alarido, magistralmente desarrollado por la gente de Disney: máquinas gigantescas someten a los visitantes a brusquedades físicas y emocionales que desafían el instinto de conservación. En nuestro Fantasilandia, a esos enormes artilugios los han bautizado Kamikaze y Evolution. Los publicistas de Orlando tientan diciendo:
“Genuinos gritos de terror saldrán de este parque cuando el sol caiga. Busch Gardens Tampa Howl-O-Scream es una experiencia muy diferente a las que hayan vivido en una noche de Halloween. El parque entero se transforma completamente en la morada de los horrores más inesperados. Lo bueno es que ustedes podrán elegir que tan escalofriante quieren que sea su noche de Halloween (y créanme, estarán agradecidos de que esto sea así.) Todas las casas del parque tienen los más mínimos detalles para maximizar el nivel de miedo de los valientes – o estúpidos – que entran en ellas.”

No siempre se trata de un juego. En la muy castigada y musical Nueva Orleáns, los cementerios han sido por mucho tiempo una de sus mayores atracciones turísticas. El Metairie es visitado como si se tratara de una playa tropical, y la huesera del cementerio Lafayettese usa como escenario para algunas…ceremonias matrimoniales. La española Galicia, en cambio, hace el juego doble: el miedo se promueve desde hace siglos, pero el riesgo siempre es evitado. No tienen Disney, pero sí la supersticiosa Santa Compaña (ilustración). Se trata de una supuesta procesión de almas en pena que recorre los pueblos de noche. Los muertos andantes van descalzos, envueltos en sudarios, anunciando la muerte de quien presencie su paso. Por eso, la gente siempre carga escapularios, ajos o castañas de indias. Y si intuyen su cercanía, se lanzan al suelo boca abajo. Cada muerto andante lleva una luz invisible, que sólo descubrimos por el olor a vela. Un viento ligero también puede anunciar su presencia. Esta procesión va encabezada por un ser vivo. Lleva una cruz y agua bendita. Al otro día no recordará nada. Sin embargo, cada noche, hasta morir, saldrá a encabezar el desfile. Su mujer y sus hijos le verán cada vez más agotado, flaco, amarillento. Puede salvarse de la muerte si encuentra a un vivo curioso a quien traspasarle la cruz y la tarea. Por eso, muchos gallegos prefieren no salir de noche. Aún le tienen miedo al miedo. No se les ha ocurrido hacer un divertido parque gallego de entretenciones.