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El Macho Alfa sale a viajar – Luis Alberto Ganderats
El Macho Alfa sale a viajar

El Macho Alfa sale a viajar

Especial hombres

Por Luis Alberto Ganderats Fotos EFE ZumaPress/EFE

Siempre hay uno entre los hombres, como en el resto de los animales sociales. El macho alfa es el que marca el camino, sabe llegar donde antes otros no han llegado. Pensando en él, seleccionamos con cuidado algunos recorridos que los ‘aspirantes’ deben hacer, para que el rebaño los siga. No es una guía de viajes, pues estamos pensando en machos alfa. Ellos guían, no están disponibles para ser guiados. Se trata sólo de una provocación para descubrir los caminos.

Uganda y Ruanda: Ir al planeta de los simios

A casi 4 mil metros de altura, después de caminar por horas en una búsqueda incierta, a los viajeros se nos alborota el corazón: estamos rodeados por una familia de gorilas, en las selváticas montañas de Ruanda, en el Africa ecuatorial, con muchos impenetrables bosques de bambú. El guía nos tranquiliza: estos habitantes del Parque Nacional de los Volcanes no comen carne humana y de ningún tipo: son vegetarianos. Y muy amistosos, salvo que se sientan amenazados. Alguien experto ha dicho que en el caso de ser atacados por un macho adulto “deben arrodillarse suavemente, bajar la mirada para evitar sus ojos y simular que comen hojas y vegetales en acto de sumisión”. No se les ubica con facilidad. Sólo conducidos por expertos hemos podido encontrar estas familias de seres corpulentos y negros, de aspecto amenazante. Podemos fotografiarlos y acercarnos a pocos centímetros, pero nunca tocarlos, para evitar contagios peligrosos para los animales. Cualquier enfermedad nueva podrían transmitirla a todos los gorilas de montaña que habitan desde el espeso bosque de Bwindi hasta la cadena de volcanes de Virunga, donde ahora estamos.
Seguiremos al parque NyungweForest, famoso por sus chimpancés salvajes, monos de cola roja y los colobos, que parecen viejos barbudos. Nuestro viaje puede culminar en la preciosa ciudad ugandesa de Kampala, con infinidad de árboles y bellas casas blancas a orillas del Victoria, el coloso de los lagos africanos. Antes pasaremos por un cordón montañoso que llaman la Suiza de Uganda, para llegar al parque nacional Queen Elizabeth. Allí saldremos, bien guiados y protegidos, a la búsqueda de los leones trepadores, que viven sobre los árboles, y veremos otro tipo de animales africanos mientras navegamos por el canal Kazinga —con escasas lluvias, pues junio y julio son meses secos—, donde tendremos un desorganizado recibimiento de un enjambre de hipopótamos rojos.
El planeta de los simios es para viajeros de verdad.

Vietnam y Camboya: Los invencibles Halong Bay y Angkor

Desde que la bahía de Halong fue elegida entre las 10 maravillas naturales del mundo, el año pasado, Vietnam llegó al cielo de los grandes viajeros. Tal vez es la mujer la que más disfruta el ambiente romántico, casi irreal, de Halong y sus juncos chinos, pero el resto del país ofrece al hombre oportunidades muy difíciles de encontrar en otro lugar. Ciudad Ho Chi Min, la antigua Saigón, regocija y conmueve a los que se interesan por una historia dramática y heroica a la vez, donde Francia y Estados Unidos fueron derrotados. Recorren en silencio las oficinas desde donde se dirigían las acciones bélicas de Vietnam del Sur y fotografían los tanques y aviones norteamericanos que los combatientes del norte arrebataron con una eficacia fuera de toda medida. Descubren los túneles de Cu Chi, cavados por el Vietcong para atacar, provocando sicosis en las tropas enemigas, hasta obligarlas a abandonar precipitadamente el país.
Conocer los escenarios de otros hechos históricos (como la salida de Indochina de una Francia también derrotada), y a un pueblo dulce y mujeres lindas, capaces de ganar batallas imposibles, es una experiencia de viaje que los hombres están disfrutando desde que Vietnam se ha abierto al turismo. Es hoy uno de los principales destinos de viaje del Sudeste Asiático.
A dos horas de Hanoi, la capital del ex Vietnam comunista, muy cerca de la frontera china, se encuentra la magnífica bahía de Halong, con sus miles de islas e islotes cársicos, entre los cuales se puede dormir a bordo de muy buenos barcos de turismo locales. Y Ho Chi Min, en el extremo sur, es la mejor puerta de entrada a otra de las maravillas del mundo, ya en territorio de Camboya: los templos de Angkor, cerca del precioso aeropuerto de la ciudad de Siem Reap. Estos templos han sobrevivido varios siglos en medio de la selva tropical. Muchos aún se encuentran atrapados por las raíces aéreas gigantescas de árboles que crecieron sobre sus techos y muros. Un estremecimiento para el viajero, donde se juntan budismo e hinduismo, historia, arquitectura y arte del pueblo jemer, y misterio; mucho misterio.
En el resto del planeta no vamos a encontrar lugares tan inesperados como los del Sudeste Asiático. Laos, Vietnam, Camboya y Myanmar (la ex Birmania) son un mundo extraordinario para descubrir antes que el turismo masivo ponga en riesgo su atmósfera de misterio, como ha ocurrido en partes de Tailandia. El moderno transporte aéreo los ha acercado. Incluso la Cochinchina se halla a la mano. Por siglos, este nombre ha sido para nosotros sinónimo de lo más lejano, porque España tuvo tropas allí, en el siglo XVIII, y las sentía tan lejanas como la Luna. Pero debemos saber que la Cochinchina corresponde al sur de Vietnam del Sur, incluyendo Ho Chi Min y la bahía de Halong. Sólo faltará llegar algún día a la africana Tombuctú y al lugar donde el diablo perdió el poncho.

Petra: La ciudad imposible

Después de estar perdida por 800 años, la capital de los nabateos, que ya era milenaria en tiempos de Cristo, fue encontrada por un suizo en el siglo 19. Desde entonces su fama se ha extendido por el mundo. Jordania hace esfuerzos para proteger este sitio estratégico para las caravanas que comerciaban entre Oriente y Occidente. Los nabateos, ricos entre los ricos, ingenieros y arquitectos, fueron sus principales forjadores, pero hace 3 mil años tuvo otros habitantes, y en el Antiguo Testamento se le llama Sela. Pero el nabateo le dio sus rasgos arquitectónicos más notables, tomados de Grecia. Luego los romanos introdujeron su arquitectura, hoy muy notoria en Petra. Por la blandura de la roca y la erosión de viento y lluvia, muchos rasgos se han perdido, pero queda suficiente para imaginar esta ciudad poblada hoy de fantasmas. Es lo que ocurre a los viajeros que llegan desde Amman, la capital jordana. Deben pasar por el Siq, un camino estrecho y largo, que por mucho tiempo se ha hecho a caballo o en camello. Al fondo de la estrecha garganta, el viajero es estremecido por lo que ve: es Al Khazneh, la gloria de Petra, mausoleo atribuido a Aretas IV, de monumentalidad egipcia, pero con columnas corintias.
Nadie vivirá lo suficiente como para olvidar esta experiencia. Cientos de edificios de inspiración griega, siria y romana se mantienen aquí a pesar del tiempo, el viento y las lluvias. No hay nabateos. Nadie sabe dónde están sus descendientes, inmersos en la enorme familia árabe. Quedan las huellas históricas de Saladino, de los Cruzados, de muchos. Al trepar por las rocas se divisa la vecindad del mar Rojo, que Moisés recorriera conduciendo al pueblo elegido al país de Canaán. Creemos ver el lugar donde el mismo Moisés, ante un pueblo sediento, hizo surgir la célebre fuente. De pronto a nuestras espaldas —cuando imaginábamos la bíblica escena de esos hombres fervorosos bebiendo con ansias el agua cristalina— escuchamos decir: “Do you want a Coca-Cola?”. No, no es Moisés. Es Ibrahim. Como una sombra ha salido de una de las tumbas. Ibrahim es un joven vendedor de cocacolas. Cuando los turistas llegan hasta esas cumbres, sudorosos como beduinos, él se transforma en un fantasma refrescante. Tal vez ahora ya no esté. Pero Petra nos sigue esperando para recordarnos con su grandeza inerte lo que a ratos se nos olvida: ¡No somos nada!

Tanzania y Kenya: Ser testigo de una gran migración

En estos días y durante todo julio, se levantará el telón para presenciar el mayor espectáculo de fauna del planeta. Dos millones y medio de animales remecen la sabana en su ciego avance en busca de mejores pastos, desde el parque Serengeti, de Tanzania, hasta el Masai Mara, de Kenya. ¿Cuáles son las mejores ubicaciones para presenciar el espectáculo? En el Serengeti, desde las alturas de NabiHill, vimos miles y miles de cebras, gacelas y antílopes (principalmente ñus), avanzar en tropel hacia el río Mara. De cerca le seguían con la servilleta puesta miles de animales carnívoros y carroñeros: leones, hienas, chacales, leopardos, buitres. También cigüeñas, que tienen andar de flamenco, pero se alimentan de carroña. En su camino, como los ríos culebrean en la sabana, los animales migrantes atraviesan varias veces las mismas aguas, y en cada pasada muchos se ahogan en la corriente, o son partidos en dos por los cocodrilos nilóticos. La inmensa mayoría prosigue incansable este mandato de la naturaleza, hasta llegar a Kenya. En septiembre se inicia el camino de regreso. Algunas manadas caminarán 2.000 kilómetrosen la vuelta completa.
Pero ¿dónde debemos reservar un observatorio si queremos ver este espectáculo? Necesitamos, a lo menos, dos palcos que ofrecen las grandes agencias de viaje. Uno para observar la marcha, cuando los caminantes andan a tranco lento o corren en estampida. El segundo palco recomendable es el lugar donde nosotros pasamos la noche, el Masai Mara, el parque de Kenya donde se detendrán a comer y a aparearse por varios meses. Esta reserva es una uña comparada con la inmensidad del Serengeti, y entonces la masa de animales que emigra convierte las limpias planicies verdes de esa reserva en un corral desmesurado, de película, donde pasa todo a simple vista. El espectáculo parece a ratos una escena bíblica del Paraíso. Para ambos casos, las agencias de viajes ofrecen todo tipo de alojamientos y transporte, incluyendo helicópteros. Quien decida acampar por su cuenta tendrá que ser totalmente autosuficiente, en seguridad y alimentación. Hay una versión económica para viajeros: la observación por siete días en trucksafari, un enorme todoterreno, cuyos pasajeros duermen en carpas rodeadas de fogatas. Se necesita hambre de aventura y un cuerpo aguantador. Será fiesta para los ojos.

Toscana: Largos suspiros camino a Cortona

Los hombres que gozaron con la cinta El paciente inglés o con Bajo el sol de la Toscana, esos que aman las bellas ciudades nostálgicas, están repletando las calles y caminos que hay en el territorio gran barrio que rodea Florencia: la Toscana. Se les seca la boca de emoción al recorrer los pueblos de las colinas, como San Gimignano, Volterra, Lucca, Cortona… Los ojos se encienden ante una belleza ennoblecida por la historia. Sobre cerros mínimos se exhibe el arte superior de Miguel Angel, la huella de los etruscos, la apasionada Edad Media y el júbilo del Renacimiento. Sólo al ver imágenes de sus villas se siente lo que dijo un crítico al concluir una película filmada en ella: “Dan ganas de empeñar hasta la palangana para recorrer esta parte del mundo”.
No hay región semejante en el centro de Italia, aunque le sacáramos sus ciudades principales, Florencia, Sienna y Pisa. Vamos encontrando pueblos que vieron pasar a los Borgia, a los Medici, y han sido más fuertes que todos.
Esa fuerza se expresa en sus construcciones, en sus templos románicos y sus casonas. Debemos recorrerla con pausa. Es la mejor manera de saborear el aire de una comarca que viera nacer a Miguel Angel, Leonardo, Giotto, Botticelli, Brunelleschi, Dante, Galileo, Maquiavelo… Cortona, donde se filmó Bajo el sol de Toscana, aparece, al final. Se encuentra donde acaba Toscana y empieza Umbría. Hace miles de años los etruscos se instalaron aquí, y fue ciudad de campanillas. Hoy no está muerta. Tampoco está viva. Languidece como aldea turística, con algún palacio, templos silenciosos, hombres de sombrero en mano, y una plaza de película: piazza de la Repubblica. Mirándola desde el albergue Locanda del Loggiato, los viajeros empezarán a beber los primeros sorbos de una nostalgia que los acompañará hasta el minuto en que sus propias vidas se transformen en pasado.

Kassell, Alemania: Para hombres extremos

Para aventureros al límite y amantes de las grandes máquinas se creó un lugar que tiene entusiasmados a miles de hombres y a no pocas mujeres. Se trata de un parque donde los hombres-niños son invitados a manejar retroexcavadoras y tanques, conducir macizos camiones en el barro, motos de cuatro ruedas (quads) y vehículos ATV`s. También a practicar barranquismo, exploración de cuevas, caída libre, canopy, rafting y kayak extremo, y volar helicópteros debidamene habilitados. Los gozadores del esfuerzo viven estas experiencias inolvidables en Kassell, Alemania, dentro de un espacio de 50 km2 llamado Maennerspielplatz. Se pagan unos 150 mil pesos por día. www.maennerspielplatz.de