El futuro entre Masdar y Zermatt
Zermatt es el nombre que toma el entusiasmo en Suiza. Sólo se puede llegar en tren eléctrico, y en la estación esperan coches a caballo. No existen vehículos a bencina ni a petróleo o gas. Los bultos de los hoteles son trasladados en vehículos eléctricos y la mayoría de la gente sólo camina. Esta hermosa villa de esquí y montañismo no ha necesitado moverse del pasado para ponerse en la avanzada del mundo moderno. Ahora se anuncia que el próximo mes se iniciará en uno de los Emiratos Árabes la construcción de Masdar, ciudad diseñada por una oficina de grandes talentos de la arquitectura, que encabeza el inglés Norman Foster. Levantarán una Zermatt siglo XXI lejos de los Alpes suizos, en pleno desierto.

Después de cometer el repertorio completo de crímenes contra su nido, el hombre parece iniciar una marcha atrás, ayudado por las nuevas tecnologías y la toma de conciencia de que la especie humana y su habitat son infinitamente frágiles. Ahora, para avanzar con rapidez, serviría que quienes toman decisiones en cada nación o ciudad conocieran en detalle el proyecto de Foster para el desierto de Abu Dhabi, y visitaran experiencias admirables que puede exhibir algunos países. Las agencias de viajes, sin abandonar los clásicos viajes a los desastres urbanos de la Costa Brava, y a muchas capitales contaminadas, podrían crear un circuito de ciudades y países que dan saludables ejemplos ambientales.
Costa Rica es uno. Ocupa el primer lugar entre las naciones de América y el quinto del mundo, según el Índice de Actuación Medioambiental 2008, difundido a fines de enero por el Foro Económico Mundial en Davos. O como Curitiba, a 300 km de Florianópolis y a 400 de Sao Paulo, con inmensas zonas verdes en pleno centro, con bulevares y calles floridas. Es la ciudad que exhibe la mejor calidad de vida de Brasil, una de las más limpias de Sudamérica y que dispone de un impecable servicio de transporte, en cuyas paradas se explican bien los recorridos mediante planos y molinetes. Los vascos españoles podrían inflarse de orgullo mostrando Vitoria (en la foto), “una ciudad en el paisaje”, ejemplo de urbanismo y búsqueda de un crecimiento sostenible, donde un anillo verde enlaza sus grandes parques. Vitoria no quiere soldarse con las ciudades vecinas. Quiere permitir que cada una crezca con su propia identidad. Ha creado dos barrios nuevos, pero sometidos rigurosamente ese criterio, respetando la moderna ordenanza municipal, y no ha entregado su futuro al capricho o voracidad de constructores y loteadores.
Son hombres mirando al futuro, porque el tumor no siempre mata; a veces nos despierta.