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Dos extraños Button – Luis Alberto Ganderats
Dos extraños Button

Dos extraños Button

En este verano, dos distintos Button –ambos relacionados con Chile—han quedado  unidos en la historia. El 12 de febrero se celebraron los 200 años de Darwin, quien viajó en el Beagle con Jemmy Button, un indígena yámana que volvía desde Inglaterra a sus islas del Sur, hecho un experimento humano, y con el nombre inglés de Button, “Botón” (porque FitzRoy lo canjeó por un botón). Adoctrinado durante varios años, era devuelto a su tierra para que difundiera el evangelio y el idioma inglés entre los indígenas. Este es el primer Button (fotos).

El segundo Button: Lo vimos el 22 de febrero, para la entrega de los Oscar, donde alcanzó notoriedad la película El curioso caso de Benjamin Button. Relata el caso del  hijo de un fabricante de botones, que vive un experimento singular, un viaje por la vida hecha a la inversa: nació anciano y murió niño. El chileno Claudio Miranda, director de Fotografía figuró, masivamente al principio como más probable galardonado en el Oscar 2009, antes incluso que Brad Pitt, el protagonista, y D. Fincher, el director, ambos también nominados. Miranda no tuvo éxito, pero junto con Button entró en la historia aún no escrita de los chilenos más próximos al Oscar.

Estos dos Button, aunque separados en el tiempo, realizaron viajes que se parecen por entusiasmar a los amantes de lo extraordinario.

Pero hay más. El director de Fotografía, Claudio Miranda, ha vivido una experiencia que de algún modo también lo acerca a la experiencia del Button el yagán. Ambos fueron llevados a un país de lengua inglesa, ajeno a su cultura familiar. Button, según nos cuenta Darwin en su Diario de Viaje, al volver años más tarde y encontrarse con su familia indígena se sentía extraño, y “para empeorar las cosas, aumentando su confusión y la mía, sólo pudo articular unas cuantas frases en las que predominaba el inglés“. Algo parecido le ocurre a Miranda. Llevado de niño a los Estados Unidos ahora sólo puede darse  a entender en inglés. Olvidó el poco español que aprendiera o escuchara hasta el momento de partir, aunque es la lengua de su padre, que vive en Valparaíso, y del resto de su familia chilena.

Sus descendientes tal vez seguirán nadando entre dos aguas culturales, entendiendo poco su vertiente chilena. Es lo que parece haberle ocurrido al fueguino Button. Su hijo  Three-Boy fue protagonista de otro intento civilizatorio, esta vez del obispo anglicano W. H. Stirling, que lo llevó a Londres junto a otros tres fueguinos. Sus nietos, se llamaron Willie Beckenham y James FitzRoy, murieron en una epidemia contraída, al parecer, en su nativa Wulaia, en la actual isla Navarino.  

Hoy el nombre de Button lo lleva un islote casi pegado a Isla Navarino, junto al canal Beagle. Frente al islote Button se encuentra la casi mítica caleta Wulaia (ver foto. Australis.com), donde los fueguinos fueron atrapados por FitzRoy y conducidos a Londres como un trofeo.

Para los interesados en esta historia, el Gobierno ha construido rutas patrimoniales que permiten caminar desde Puerto Williams a Puerto Navarino, y desde ahí a caleta Wulaia. Esas rutas nos llevan al pasado de ese personaje fueguino que Benjamín Subercaseaux recogiera en su novela Jemmy Button, una historia, como hemos visto,  con tantas bellaquerías civilizadas que pudieran haber podido inspirar a Jorge Luis Borges una prolongación de su Historia universal de la infamia.