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Del Dakar al Paciente Inglés – Luis Alberto Ganderats
Del Dakar al Paciente Inglés

Del Dakar al Paciente Inglés

La epopeya colectiva del Dakar en Atacama penetró una vez más los cerebros del mundo con el ancestral miedo y fascinación por el desierto. Pocos no se han imaginado alguna vez llegando en caravana al Sáhara o en un jeep galopando por nuestro Atacama inclemente, el territorio más seco y tórrido del mundo. Son territorios colmados de emoción aventurera. La misma que en años que se van alejando, nos impulsaron a desembarcar en Dakar, Senegal, para ir en un precario tren hasta Mali y acercarnos a Tumbuctú. Del Sáhara -a esta fecha- solo hemos pisado sus bordes. Lo conocemos mejor por el cine. Su último clásico, El paciente inglés, hizo suspirar al mundo con la historia de un aventurero atrapado entre el amor por una bella señora y la pasión por las arenas. Ahora nos vamos enterando -como ocurriera antes con Lawrence de Arabia-, que dicho paciente sólo se dejaba atrapar por hombres. En este caso, por un oficial del Ejército nazi, Hans Entholt, de quien ya se conoce una correspondencia desgarrada. Le dice: Amar y desear: parece que ése es el motivo de nuestras vidas. Si no fuese por nuestro amor, uno moriría del disgusto”.

Dicho “paciente” tampoco era inglés. La historia se inspira en el húngaro Laszlo Almazy (fotos, Almazy fumando, y ambos como pilotos). Su vida novelesca y a ratos canallesca –espía alemán, y también espía inglés, según parece–, la investigó John Bierman, de la BBC. Lo hizo luego que esa película hiciera una gran cosecha de premios Oscar, y aumentara su interés por el personaje al leer la novela inspiradora, una obra del cingalés M. Ondaatje. En su libro Vida secreta de Laszlo Almazy, el  investigador de la BBC muestra a uno de los últimos viajeros románticos conquistados por el Sahara: Amo el desierto”, decía. “Y amo la ruda vida de un campamento primitivo en el frío gélido, a la luz de las estrellas en la noche, y en las calurosas tormentas de arena.” Como representante de los coches Steyr, el húngaro Almazy realiza varios test de resistencia entre Alejandría y el Sudán, por las orillas del Nilo, también por Libia y el Noreste africano. Nunca más sería el mismo. Redescubrió la antigua ruta de caravanas que unía Egipto con el resto de África, hecha sólo para hombres duros. Cruzando las arenas de Libia, algún beduino le habló del oasis perdido de Zerzura. Años tardó en redescubrirlo, apoyado en su admirable tenacidad. Y llegó más lejos de lo que se había propuesto. En la región del Sáhara, dentro de cuevas milenarias, halló pinturas rupestres de animales, y algo absolutamente inesperado, de hombres nadando. Todo esto a pocos kilómetros del Gran Mar de Arena. El mundo quedó asombrado. Era la evidencia de que antes hubo agua donde hoy sólo caminamos sobre arenales. Esto es parte principal de la historia verdadera del personaje que inspiró El paciente inglés. Como siempre, con la realidad podemos tramar toda una fantasía.