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Damanhur, Italia | Templos en otra dimensión – Luis Alberto Ganderats
Damanhur, Italia | Templos en otra dimensión

Damanhur, Italia
Templos en otra dimensión

Son doce templos desconcertantes bajo tierra, cerca de Turín, que parecen haber vivido mil años, y tienen menos de medio siglo. Fueron construidos a mano -secretamente durante largo tiempo- por una comunidad esotérica italiana con base internacional. ¿Se preparan para el mundo que viene? Ahora construyen un anfiteatro subterráneo para mil personas, para que sesione una especie de ONU de los pueblos indígenas.

Por Luis Alberto Ganderats

La gente de la comunidad nunca olvida recordar lo que dijo un cronista del diario británico Daily Mail sobre Damanhur: “Es la octava maravilla del mundo”. Esta visión no deja conforme a quienes ven en forma crítica las soluciones artísticas que han encontrado los constructores de sus templos. Sienten que están decorados con exceso, pero su crítica no produce sorpresa en la comunidad. Saben que todo arte es por esencia subjetivo, y lo bello puede tomar formas muy distintas. Además, los que cavan, tallan y decoran no son personas que hayan pasado por la academia. Se han formado casi todos en la propia comunidad, sin maestros externos. Pero estas  explicaciones no logran hacer callar a los más puristas. Ni menos a los envenenados. Alguien llegó a decir que ciertos templos parecen hechos por artistas que se comieron “una paella hecha con una partida añeja de LSD”.

Y hay algo de cierto en esa interpretación. Muchos de nosotros, durmiendo, habremos visto imágenes como las que nos acompañan en esta visita por los templos, acompañados por distintos miembros de la comunidad, incluyendo una de sus fundadoras. Algo hay de ensueño. Y de sorpresa.

Nuestro viaje se inició en la estación de Turín, donde un tren nos llevó en media hora hasta Ivrea, una vieja y bella ciudad a 40 km. al norte. A la salida de la estación tomamos un taxi, que en 10 minutos, nos dejó en el pueblo Baldissero Canavesse, bajo un gran letrero que dice Federación de Damanhur. Ahí funcionan las oficinas, donde se organizan y se pagan las visitas a los templos. También se traslada a los hoteles a quienes  permanecerán más de un día, con la intención de participar en ceremonias propias de la comunidad, acordadas con anticipación.

Los templos, un restaurante y un centro comercial y artístico-artesanal están a corta distancia de las oficinas. A los templos fuimos llevados en un vehículo. Al descender sólo vimos una construcción de aspecto insignificante, como podría ser la oficina rural de una vendedora de sitios urbanizados. Entramos, nos dieron algunas instrucciones antes de subirnos a un sencillo ascensor de estilo mina subterránea. Luego seguimos por un túnel que nos llevó a un templo, desde el cual pasamos a otro, bajamos unos metros más, y en cualquier lugar decorado se abría de pronto una puerta secreta, invisible a simple vista, que desembocaba en otro templo, o se desplegaba un puente mínimo y frágil, que parecía llevarnos al inframundo. Al reino de lo secreto.

Terminamos en una atmósfera envolvente, que nos invitaba a sentir antes que a pensar.

No sólo escuchamos invocaciones de los que dirigen o participan de la

visita. En los templos resuenan fornidos cuencos tibetanos y gongs sinfónicos extraordinarios, elaborados por Paiste. La atmósfera se carga de energías encontradas, y un joven visitante se cubre el rostro con las manos. Llora. La guía le dice unas palabras para sostenerlo, y dice en voz apenas audible: “Siempre pasa. Es este un lugar de encuentro con otras realidades. No hay que preocuparse. Llorar le hará bien”.

Nosotros no lloramos. Lo que nos atraviesa no es la emoción; es la perplejidad. Sólo está claro que pisamos un lugar que no se parece a otros. Tal vez por eso, semanas antes que nosotros estuvo Sting pisando este lugar, junto a su mujer, y lo recorrió sin prisa, paso a paso, casi siempre en silencio. Este músico llegó hasta Damanhur como miles de respetuosos del esoterismo, de lo todavía no completamente revelado. De lo oculto. Sting llegó, probablemente, como tantos interesados en la expresión de las nuevas religiones, que ven en Damanhur una forma moderna del llamado neopaganismo. A Sting -como a todo visitante interesado-, los responsables de esta comunidad le dijeron claramente que no son una nueva religión o iglesia.

Es lo mismo que nos hicieron escuchar apenas llegamos a Damanhur: “Somos una comunidad dedicada a las  investigaciones espirituales, con el propósito de contribuir al nacimiento de un mundo mejor”.

Estudian la naturaleza, las religiones, la historia y, muy en especial, los fenómenos esotéricos que el hombre común no conoce. Sólo intuye. Pero la explicación de que no son “religiosos” no la comprende fácilmente la gente que los observa. Muchos sospechan que hay algo que no se dice. Desde mediados de los años 70 la comunidad ha venido creciendo y fortaleciéndose, hasta ser hoy la más fuerte en el mundo occidental. No ha ocurrido algo parecido con  muchas comunidades esotéricas -tal vez miles- que han languidecido o muerto.

¿Cuál es la clave de su éxito?

Tal vez la creatividad, la energía y el carisma de su fundador. Oberto Airaudi se llama y es nacido en casa campesina cerca de Turín, hace 61 años. Oberto usa el nombre de Halcón (Falco, en italiano), de acuerdo con la norma interna de Damanhur, que identifica a sus miembros con nombre de criaturas de la naturaleza. (Nuestra guía se llama Hormiga, Fornica). El líder, hoy filósofo, experto en hipnosis, curador, escritor y pintor, dice haber visto estos templos, hace medio siglo, en sueños o viajes astrales relacionados con vidas anteriores. Así se habría comunicado con una civilización perdida en el tiempo que se dedicaba a trabajar por el bien común, cuyos miembros habían alcanzado un alto grado de desarrollo. Esos individuos construían templos que se parecían a los que él se dedicó a cavar junto a un grupo de seguidores, tarea que mantuvo en la clandestinidad por 17 años.

Descubierto por la policía, después de muchos sobresaltos e incomprensiones, se le permitió continuar la tarea.

Hoy día sorprende Damanhur en su parte no subterránea, donde están sus oficinas, su colegios, pintados enteramente de blanco, y decorados con flores enormes, mariposas, insectos descomunales, y seres humanos del mismo tamaño que los demás seres de la naturaleza. Con ello quieren decir que el individuo no es más importante que su entorno natural. La decoración recuerda la llamada Revolución de las Flores.

Los dioses son parte del Todo, como en la concepción panteísta pura. Dios somos todos, y su concepción de la divinidad como principio del mundo, en cambio cíclico, eterno, se aparta de las ideas católicas. Pero en los muros subterráneos vemos los símbolos del Cristianismo y de todas las religiones masivas. 

La fundadora de Damanhur que nos guía, explica que los templos se hallan dentro de una veta de roca milonita, material que facilita las comunicaciones interestelares. Tiene, dice, gran capacidad para dejar fluir los ríos de energía y las líneas sincrónicas que atraviesan la Tierra y la conectan con el resto del Universo, llevando y trayendo ideas, misterios y sueños. En uno de los templos, dotado de nueve grandes esferas de cristal, es donde se cruzan más líneas energéticas del planeta, de acuerdo con creencia de Damanhur.

Otra de salas se encarga de dar presencia a todas las grandes culturas universales. A Chile lo vemos apenas en un pequeño moai y en un pingüino emperador de nuestra Antártica, y en el cobre del Templo de los Metales, que, junto con la cerámica, cubre la columna base. 

Falco dotó a sus templos contenidos nuevos, de ayer, de hoy y de mañana. En algunos es notoria la influencia del dios Horus, mítico creador de la civilización egipcia, que era representado por un halcón, nombre que adoptó su creador. Horus es un “dios celeste”, que Oberto Airaudi habría descubierto durante su niñez en el Museo Egipcio, de Turín,  no lejos de su casa. Horus también explica el nombre de esta comunidad. En la antigua Damanhur, cerca de Alejandría, existe un templo egipcio cuyo tutor es precisamente Horus. Ese templo también es subterráneo.

Nos dicen en la comunidad que los 90 mil metros cuadrados que tienen los 12 templos son apenas el principio del plan del líder. Algo así como el 10 por ciento apenas. Ahora hacen un enorme esfuerzo para construir el Templo de los Pueblos, con capacidad para 1.000 personas, donde debería funcionar una especie de asamblea universal de las naciones indígenas, desde mapuches a maoríes, mayas a afganos. La sala de sesiones tendrá poco menos asientos que el de la Asamblea General de la ONU. En estos días, todos los damanhurianos, en forma personal, por correos electrónicos, a través de su sitio web (www.damanhur.es) y por cualquier medio, están reuniendo fondos para financiar ese Templo de los Pueblos, que se instalará en el espacio vacío de una vieja mina de cal, comprada por la comunidad cerca de los otros templos. Su líder, un antiguo agente de seguros, lo que sabe hacer es administrar con prudencia y financiar con seguridad.

Así ha podido hacer una tarea que parecía improbable: sus seguidores, con él a la cabeza, han sacado, a mano, más de dos millones de baldes con piedras para cavar los espacios donde están los templos que ahora visitamos: el Laberinto, la Sala del Agua, de la Tierra, de las Esferas, de los Espejos, de los Metales, el Templo Azul y otros varios. 

Los Legionarios de Cristo, a través de su Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, son algunos de los que mejor han conocido este fenómeno religioso-esotérico, y otros semejantes. En sus aulas ha dictado cátedra a los “sacerdotes del Tercer Milenio” que se forman en ese ateneo, el romano Massimo Introvigne, principal estudioso en Europa de las nuevas religiones. El Prof. Introvigne considera que Damanhur es la comunidad New Age más grande y sólida del mundo. Cree, también, que influyó en la famosa Avatar. Ve en el tipo de religión del pueblo de los Na´Vi mostrados en esa película, una clara relación con las ideas New Age de Damanhur.

Claves internas

Las comunidad está formada por más de mil miembros, la mayoría residentes en un territorio de pocos kilómetros cuadrados de los preAlpes italianos, cerca de la frontera con Suiza y Francia. Los que habitan aquí integran casas-familias, que acogen hasta 20 personas, unidas generalmente por vocaciones semejantes, todas, claro, fieles al proyecto común de Damanhur.

¿Cómo funciona esta comunidad que sus miembros llaman Federación de Damanhur? Es una federación de esas “familias”, las que no viven en un espacio común, sino repartidas casi todas en dos comunas vecinas a los templos y a la sede de Damanhur. Son comunas de casas dispersas, que no forman un gran pueblo o ciudad, sino pequeñas aldeas tranquilas.

Los miembros de la comunidad se hacen llamar “ciudadanos” de Damanhur, y dentro de cada familia el jefe -o rey, en el concepto druida- es elegido por sus miembros en forma democrática. Estos “reyes” deciden quién es la autoridad que toma las decisiones principales de la Federación de Damanhur, aunque su fundador tiene un estatus especial, cualquiera sea el cargo que ocupe. Al poner atención en lo que dicen y hacen, y también en lo que no dicen, se diría que aspiran a crear una pequeña nación dentro de Italia. Tienen universidad propia, colegio y jardín infantil; comercio y restaurante; talleres artesanales, de joyas y decoración; editan libros propios, tienen pequeñas embajadas en países de  todos los continentes. Algo significativo es que sus “ciudadanos” fundaron un partido político, y militantes suyos han llegado a llenar todos los cargos municipales elegidos en la pequeña comuna de Vidracco. En el 2012 potenciarán la campaña interna y entre quienes los apoyan financieramente en todo el mundo, para establecer su especie de Naciones Unidas de los pueblos originarios, que se reunirán  a deliberar -bajo tierra- los delegados de todo el mundo.

Los que planifican esta nueva tarea de Damanhur no han dado a conocer plazos, pero sí  metas: contribuir al nacimiento de un mundo mejor gracias al intercambio de propuestas basadas en las sabidurías propias y experiencias históricas de los indígenas que se reúnan periódicamente en el Templo de los Pueblos. Esos mismos delegados, al volver a sus pueblos, deberían ayudar a difundir los principios fundamentales del mundo nuevo.

Utópico o no -con utopías ha vivido y crecido el hombre-, el Templo de los Pueblos ya tiene planos, que se pueden conocer en la página en español www.damanhur.es. Y por ese mismo medio nos piden informar que esperan tomar contacto con líderes indígenas, con sus artistas, escritores, pensadores, de todo el planeta.

Universidad Libre

Supervisados por el líder Oberto Airaudi, la universidad libre de Damanhur y la propia comunidad, ofrecen muchos cursos y conferencias sobre temas que les interesa investigar o difundir. Veamos algunos: Viaje Astral, que permite “salir con nuestra parte energética en plena conciencia para llevar a cabo experiencias fuera del cuerpo, y acceder conscientemente a dimensiones de la realidad que normalmente exploramos solo mediante el sueño”; Física Espiritual, un viaje hacia el corazón de la filosofía damanhuriana, que “explora la naturaleza del alma y de las varias personalidades que la componen, los sentidos interiores (extrasensoriales) y la reencarnación, y conducen a un estilo de vida que corresponde a las leyes que regulan el equilibrio universal”; Sentidos Interiores, que van más allá de los cinco sentidos que todos conocemos, y explora aquellos que interesan a Damanhur: los sentidos del soñar, recordar, cambiar, desear y de lo divino. Representan “un paso indispensable hacia el despertar del Dios latente dentro de cada uno de nosotros, en algunos momentos guiados con seguridad, dulzura y humor por la SELF, una inteligencia espiritual sutil”.

También estudian el tema de las Civilizaciones Galácticas y la Atlántida, civilizaciones desaparecidas -dicen- que han dejado huella en los mitos, como Iperborea, Lemuria y Mu. La Atlántida, según algunos mitos y teorías esotéricas, es la “matriz de todas las civilizaciones históricamente conocidas, colonias ellas de muchos grandes imperios que abarcaron nuestra galaxia y otras”. Por último, se ofrecen caminos de estudio para la conexión con Vidas Anteriores, y también se propone tener contacto y comunicación con el Mundo Vegetal, criaturas con gran experiencia, dice un maestro, mucho más antigua que la humana, y hacerlo de modo consciente, descubriendo las diferentes voces y energías del castaño, del cerezo y de la encina… “Se puede aprender a comunicarnos con las plantas, a recibir sus sabios consejos terapéuticos e inspiraciones creativas…”.

Los damanhurianos se casan por un año, renovable. “A cata y prueba”, ironiza uno de sus adversarios. Eso forma parte de las inagotables polémicas en torno a estos temas, que son leña seca para el debate encendido y las incomprensiones. 

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