Copán se nos viene volando
No hay un gramo de exageración al decir que Tikal, en Guatemala, es la vieja Roma de los mayas, y Copán, en Honduras, la Grecia admirable, por su importancia cultural, sus méritos en el arte. A ninguna de las dos, sin embargo, resulta fácil llegar, por las distancias, las montañas o las selvas, aunque todo esfuerzo se hace nada al enfrentar la belleza y sabiduría que los mayas dejaron como herencia. Ahora, gracias a la feria española de turismo, FITUR, sabemos que por fin este 2009 los viajeros podrán llegar más fácilmente a Copán. El presidente de Honduras declaró que “solo un diluvio o el fin del mundo podría detener” la construcción de un aeropuerto internacional en Concepción, cerca del yacimiento arqueológico maya. Y la vecina Guatemala, cuya frontera se encuentra a 16 kilómetros, quiere habilitar otro acceso aéreo próximo a Copán, que por muchos años ha estado asociado a sus rutas arqueológicas.
Como sea, el pronto acceso fácil a Copán es una de las buenas nuevas que podemos dar a los que quieren penetrar en un mundo que, todavía a medio despejar, nos deja con la boca abierta. En el 2009 aún podemos sentirnos allí entre los adelantados de una América por descubrir. Sólo Tikal da para llenar una revista entera con sus soberbias pirámides que retan al cielo; Copán es el reino de la escultura, de la historia tallada en piedra, cuyos glifos tienen más arte, seguramente, que cualquier otra ciudad maya. Es verdaderamente un inexplicado milagro el que se produjo en este trozo de tierra que acoge en Centroamérica a ambas ciudades. Nadie, entre nosotros, debería pasar a Europa o a Miami…sin detenerse a recoger aquí, y en otros lugares de Latinoamérica –en Machu Picchu, para no ir tan lejos—ese conocimiento de lo nuestro que nos permita mirar el mundo de otro modo.

Debo decir algo de la inacabable Copán. La herencia mayor está en sus miles de bloques de piedra, en sus estelas. Ahí vemos homenajeados y retratados sus gobernantes. La Escalinata de los Jeroglíficos tiene 63 escalones con más de 1.500 bloques tallados que cuentan la historia de uno de sus monarcas. Los modernos champolliones no logran descifrarlos por completo, pues el orden de la Escalinata fue alterado. Detrás del destrozo puede estar la mano de europeos como Bernal Díaz del Castillo, muerto en Guatemala, quien escribió que habían llegado para “dar luz a los que estaban en tinieblas, y también por haber riquezas que todos los hombres comúnmente venimos a buscar…”
Esos hombres que “estaban en tinieblas” tuvieron una arquitectura comparable a la del Viejo Mundo. Eran sorprendentes astrónomos, agricultores progresistas, practicantes de muchas artes y de la escritura jeroglífica. Habían desarrollado ciudades-estado casi perfectas. Hacia el año 900, por razones no bien aclaradas todavía, entraron en decadencia. Ahora, en Copán, nos esperan para hablarnos, tal vez, algo de su pasado.