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Colima y Comala | Escenarios de película en México – Luis Alberto Ganderats
Colima y Comala | Escenarios de película en México

Colima y Comala
Escenarios de película en México

Con su atmósfera de isla griega, el Hotel Las Hadas, donde se filmó “La Mujer perfecta”, o “La Mujer 10”, sobresale en este sector del Pacífico, al Norte de Acapulco. El pequeño Estado de Colima, donde se encuentra, es reino de pescadores deportivos, de playas tibias y de pueblos como Comala, villa donde parece congelado el México campesino y mariachi, el que nos hace cantar.

Por Luis Alberto Ganderats

Estamos alojados en un hotel grande y espléndido de la amplia bahía de Manzanillo. El Kármina Palace es tan grande, lujoso y caro como se merece la mujer que despierta un gran amor. Apenas se oculta detrás de Kármina el nombre de Karina. Ella es la mujer de un rico empresario de Dallas, asociado a Embassy Suites, que invirtió millones de dólares en levantar este hotel, en la península de Santiago. Su arquitectura se inspira en las construcciones mayas, y como ellas, usa generosamente los espacios y las alturas.

Ese enamorado quiso hacer aquí un Taj Mahal moderno y mexicano.

El Kármina tiene muchas piscinas, restaurantes bajo enormes palapas y un sinnúmero de suites perfectamente alhajadas, bajo una administración todavía novata, aunque ya anuncia éxitos.

Es un lugar del que tal vez nadie se movería si no fuera porque a 500 metros se encuentra uno de los hoteles más famosos de México, Las Hadas Resort, que se inspiró en moros y no en mayas. Escenario de la provocativa película “La mujer perfecta”, o “Mujer 10”, con Bo Derek, fue construido por el magnate boliviano Antinor Patiño, rey del estaño.

Si al llegar alguien no lo sabe, pronto se entera de todo. A un costado del Kármina Palace -en tierra de nadie-, una mujer del lugar teje mil trencitas en el pelo de las niñas.

El tiempo está detenido: se siguen reproduciendo aquí las trencitas de Bo Derek.

Grandes campos de golf hacen una enorme trenza alrededor del Kármina. Pertenecen a Las Hadas, cuyos edificios cubiertos de cal, como pueblos del Egeo, son una incitación irresistible a acercarse con un pincel o una máquina fotográfica.

Nos vamos tras la leyenda.

Por la época, tal vez, no son  muchos los que pasan sus vacaciones en este blanco perfecto. Parece construido ayer. Y lo poco que se ha añejado con los años, se encuentra por estos días en rápida puesta al día. Algunos albañiles trabajan con tal discreción que sus golpes sobre el cemento casi parecen algún instrumento nuevo. “La mujer perfecta” sigue dando dividendos. Sus hermosos edificios mantienen los peldaños de toda escalera milagrosamente blancos. Hay toldos puntiagudos, albos también, en la playa y en las piscinas. Ofrecen un llamativo espectáculo desde la distancia. En los salones, algo más oscuros, abundan imágenes del mundo árabe, que estuvo en la inspiración original del arquitecto, el español José Luis Ezquerra.

En el mismo hotel se promueve una nueva obra de Ezquerra. Anuncia grandes días para la pesca deportiva, para el turismo de cruceros, para el turismo de shirt & short, propio de su clima cálido. El de Ezquerra es un hermoso muelle que se construye junto al puerto comercial, al otro lado de la bahía, frente a frente de Las Hadas y el Kármina, con el gran nevado de Colima en el telón de fondo. El muelle, nos aseguran, estaría funcionando el año próximo. Es un arma secreta de Manzanillo, que hoy se promueve como “capital mundial del merlín”, aunque en materia de pesca deportiva ha encontrado rivales serios por el vecindario, tanto en Ixtapa-Zihuatanejo como en Puerto Vallarta.

Las Hadas, estrella de su bandera turística, ha cambiado de manos. Ahora  pertenece al Grupo Hotelero Brisas, que tiene otro resort notable en Acapulco Diamante.

La buena de Comala

En unos 1.000 km de la costa del Pacífico mexicano, entre Acapulco y Puerto Vallarta, no sólo Colima-Manzanillo presenta novedades importantes. Cada día se habla más de la llamada Costa Alegre, en la vecina Jalisco, formada por Bel Air Costa Careyes.  Por Careyitos, Las Alamandas, Barra de Navidad y una serie de playas y resorts destinados a ese tipo de turistas que están dispuestos a pagar más por su salud mental, por su descanso completo.

Y hay nuevas carreteras, entregadas en concesión, que abren caminos más cortos y de gran calidad, acercando a las ciudades históricas del interior a los resorts de cinco estrellas, a las mansiones costeras de ricos y famosos, a los hoteles familiares de una estrella, y a los carísimos hoteles boutique. Nacen así algunos circuitos de enorme atractivo. Es lo que ocurre con Ixtapa-Zihuatanejo que se han acercado a ciudades mediterráneas como Morelia y otras de gran mérito arquitectónico, vinculadas a la Revolución mexicana. Se hermanan allí el turismo histórico con el turismo de descanso en resorts lujosos o familiares, dotados de playas y piscinas, que además proponen turismo ecológico, de aventura, pesca, surf, cuanto quiera.

En el caso de Las Hadas, de Kármina Palace y de otros centros de la bahía de Manzanillo, los tours melancólicos van por la ciudad de Colima y el pueblo de Comala. Se avanza entre cocoteros, sandiales y papayales, camino al cuarto volcán más activo del planeta, Colima, el Volcán de Fuego. Arriba, enormes encinas, pinos y ayoameles. A sus pies, la selva de árboles con nombres que tienen resonancias nativas: aguejotes, asmoles, amates, guamúchiles. Y en el medio de todo, un pueblo con sabroso café de altura, Suchitlán, “los mejores del Pacífico”, que producen los ejidos reunidos en grandes cooperativas. En estas cooperativas quienes mandan son mujeres. (No es casualidad que el bar más notorio de Suchitlán se llame Minnie y no Mickey, al lado del muy machito y adormilado puesto policial).

En este pequeño pueblo saboreamos inolvidables tortillas y tostadas con queso ranchero. Y eso ocurrió en un escenario inesperado: las rústicas mesas están repartidas entre matas de cafeto del más popular restaurante campesino: Los Portales.

Y en un pueblo vecino, más grande, Comala, deliciosamente mexicano, el mariachi no deja de cantar. Lo hace en otros portales, llenos de restaurantes para viajeros en busca de lo genuino. Muchas mesas se hallan repartidas en la calle Progreso, y debemos agradecer que aquí el progreso sea todavía sólo el nombre de una calle. Hay atmósfera de pasado. Vemos gente a caballo. El Colima de siempre. Su plaza no se llama plaza sino jardín.

En lugares más retirados de Comala abundan los clásicos sitios campesinos de comida barata y sabrosa, conocidos como “cenadurías”. En la cenaduría Barrio Alto, que recibe por igual a mexicanos sin billetera y a los de billetera gorda, le tomamos el sabor al México más mexicano. Tal vez no se conoce el corazón de este país sin visitar la sísmica Colima y sus tranquilas villas. Ellas ayudan a que en la franja que une a Puerto Vallarta con Acapulco esté naciendo otro turismo mexicano. Al menos nosotros, nunca olvidaremos a la buena de Comala y la fantasía arquitectónica de Las Hadas.

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