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Cielos milagrosos de Haití – Luis Alberto Ganderats
Cielos milagrosos de Haití

Cielos milagrosos de Haití

Navegamos en el mar de Haití cuando la luz de la tarde comienza a sumergirse en las aguas, montando en el cielo un grandioso espectáculo. Medio oculto detrás de inmensas y oscuras nubes, usando trocitos de luz, el sol va dibujando en el cielo paisajes terrestres casi perfectos, y hasta cielos imaginarios sobre ese cielo real. La puesta de sol deja de ser puramente romántica para convertirse en un prodigio.

Cuando el día ya se acaba, una formación de cipreses solemnes se asoma en el horizonte del cielo, como imitando algún paisaje de la Toscana. Parece la alegoría del Sol que muere. “Los cipreses creen en Dios”, dijo Gironella, y siento que nunca tuvo tanta razón como ahora. En gran puesta en escena, los cúmulus, cirrus, stratus y nimbus, modificados por los rayos del sol, van creando minuciosos paisajes de campo, potreros y siembras, cadenas de cerros florecidos…aunque no sean más que gotas de agua y cristales de hielo en suspensión

El asombro no termina. En el cielo vemos aguas profundas llenas de corales, con arenas blancas sobre el fondo. Mares minuciosamente dibujados sobre la bóveda inmensa, neblinas celestes, enormes ceibos clavados en el aire, y bajo ellos, algunos caminos que avanzan hacia el interior de un territorio formando limpias perspectivas. Estalla un incendio en medio de un bosque en ese territorio de mentira. Otros paisajes muestran ríos flacos y largos, en los que se refleja la luz de la tarde, y lagunas quietas al pie de una cadena de montañas. Y poco más al sur, cirrus crean espejismos de caminante extraviado: témpanos sobre el cielo, que dejan ver, nítida, su porción fuera del agua, y también su enorme cuerpo sumergido.

Nada parece imaginario. Se diría que todo espera ser explorado y conquistado. Tal vez por eso, muchos navegantes cambiaron el rumbo de sus carabelas para acercarse a ricos territorios que eran sólo continentes en el aire.

Duele que tantos sueños pintados en el cielo de Haití no sean realidad en su tierra, y así dar paz a estos seres tan pobres como dulces. Cómo no soñar que se disuelven de una vez las nubes negras pegadas en su horizonte histórico, y se asoman nubes de esperanza. Aquí, para ser realistas, es bueno creer en milagros. Milagros en la Tierra como en el Cielo.