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Chilenos en Río Turbio – Luis Alberto Ganderats
Chilenos en Río Turbio

Chilenos en Río Turbio

Son los que ponen el coraje para sacar un millón de toneladas anuales del único yacimiento carbonífero argentino y tolerar heladas y vientos de pesadilla. Cerca de 10.000 compatriotas viven en la región del Turbio y aportan el 80 por cuento de la mano de obra. Ganan mas que en Lota y Coronel (muchos tienen auto), pero pocos disfrutan de la familia. La “RdD” estuvo cinco días en el yacimiento, pero las autoridades le impidieron ingresar a las galerías.

-Claro que estamos orgullosos, pus señor. ¿Y cómo no íbamos a estarlo si todo el carbón que produce la Argentina sale de aquí del Turbio. Las industrias de Buenos Aires trabajan con el carbón que sacamos nosotros. ¿Y quiénes cree usted que están allá adentro, donde carga el cerro y hay que tener pantalones para no salir apretando?

Puros chilenos. Nada más que chilenos. Los de acá trabajan lo livianito, donde no carga el cerro. Les viene el julepe, ¿sabe? Algunos llegan y a los poquitos días se cabrean…

A medida que pasan los minutos, aumenta su entusiasmo. Gesticula, habla a manos llenas. Se refriega el rostro. Cuando, finalmente, guarda silencio, su cara ya está negra por el carboncillo. Pero a Félix Álvarez (“póngale ese nombre no más, pa’que aquí no me agarren mala”) le importa nada la negrura del carbón. Lleva más de 15 años tuteándose con la mina y el peligro, y ya habla ratos como argentino, aunque nació cerca de la chilota Curaco de Vélez.

TODO El CARBON ARGENTINO

Llevamos cinco días conversando con los chilenos que aquí en Río Turbio hacen nata. De cada diez trabajadores de la mina, ocho nacieron al otro lado de la frontera, que está a no más de 30 kilómetros. Siguen sintiéndose tan chilenos como el día en que llegaron por primera vez, pero disimulan mal cierto resentimiento por no poder trabajar en su propia patria. “Algunos llevan como treinta” años por acá. En Chile no encuentran un buen trabajo”.

Aunque las explicaciones no sirven para llenar el estómago, las autoridades chilenas advierten que resulta imposible solucionar en poco tiempo un problema que se viene arrastrando desde hace medio siglo. El actual gobierno está creando nuevas fuentes de empleo, intenta explotar los carbones de Magallanes, mejorar las condiciones de vida regionales con la Zona Franca, pero no puede competir con Río Turbio.

El Turbio, vecino a la chilena Puerto Natales, no lejos de Punta Arenas, “es la fuente más importante de combustibles sólidos de origen mineral descubierta en toda la historia argentina”. Produce 1 millón de toneladas anuales. En las entrañas de sus cerros duermen su sueño milenario unos 450 millones de toneladas de carbón, suficientes para abastecer durante un siglo a este país, que carece de otras minas de este mineral.

Santa Cruz – la segunda provincia más grande de Argentina, equivalente a casi un cuarto de Chile, sin considerar la Antártica- tiene como “puntal indiscutible de su minería” a este yacimiento, que puede ser explotado gracias a la mano de obra chilena. El Gobernador “Provincial, comodoro (R) Juan Carlos Favergiotti, dijo tiempo atrás a Revista del Domingo que si Río Turbio se viera privado de esa mano de obra extranjera, tendría que paralizar la mitad de sus minas.

PROHIBICION A 3.000 KMS.

Tal vez por esa razón y otras derivadas de la belicosa tensión del Beagle, no resulta fácil a los periodistas chilenos reportear en la zona.

Prohibido entrar a las minas, prohibido entrevistar a los trabajadores en los colectivos donde viven; prohibido fotografiar sus dormitorios, sus baños; prohibido, prohibido, prohibido, proh…

Nos leyeron rápidamente la cartilla.

Cuando solicitamos permiso para investigar la realidad del Turbio a las autoridades de Yacimientos Carboníferos Fiscales, propietarios del mineral, comenzaron por negarse rotundamente a recibirnos.

-El señor administrador estará ocupado durante los próximos cuatro días. -¿Tendrá un minuto siquiera?
-No, prepara la Fiesta del Carbón. Vuelvan la próxima semana.
-No podemos, señor. Hemos viajado 3.000 kilómetros desde Buenos Aires y disponemos de poco tiempo… Dígaselo, por favor.
– Les ruego que no insistan.

Finalmente, un jefe subalterno nos recibe para darnos a conocer la lista de prohibiciones, explicables por la tensión máxima que se advierte en las relaciones con Chile.

Advierte:
No puedo impedirles permanecer en Río Turbio, pero la responsabilidad es sólo de ustedes si transgreden las normas.

Debimos transgredirlas todas…

O casi todas, pues no nos fue posible ingresar a las galerías, por ejemplo, a pesar de que solicitamos permiso al pro pio Ministro del Interior, general Albano Harguindeguy. Lo encontramos visitando el mineral. Escuchó nuestra petición en silencio. Guardó espeso hermetismo hasta el momento en que resolvimos abandonar Río Turbio después de escuchar del jefe de Gendarmería un recado que no dejaba lugar a réplica:

Señores, se mantiene la prohibición de entrar a las galerías.
-¿Podría explicarnos la razón?
Abre los ojos para oír mejor. Se lo repetimos. Responde, seco:
-Me las reservo.

LEYENDA NEGRA Y TURBIA

Así concluyó nuestro trabajo en el lugar donde miles de chilenos -desde hace medio siglo-se han ganado la vida y algunos centenares la han perdido. Pero no nos íbamos con las manos vacías. Cinco días tiritando (de frío) por las calles, cerros y pabellones, varias entrevistas concertadas con sigilo y muchas otras a la luz del día, nos permitieron conocer bien los tres pueblos del mineral y a los mineros de los tres pueblos.

Hay que decir de una vez la verdad: no se justifica la leyenda negra que el tiempo, hebra a hebra, ha ido urdiendo entorno a Río Turbio. Los numerosos accidentes del pasado, cuando los sistemas de trabajo eran distintos a los de hoy, dejaron una huella indeleble. La experiencia de los primeros (“acampábamos en carpas junto a las minas; el frio se sentía hasta en las pestañas”) forjó una indeleble imagen de sacrificios sin cuenta…

Ahora es diferente.

Asombra, primero que nada, encontrar una enorme cantidad de buenos automóviles estacionados junto a los pabellones.

-¿Son de los jefes?

No, de los obreros. Creo que el veinte por ciento ahorra unos pesitos para comprarse carro. Especialmente los jóvenes, que no cargan con una familia. Así  lo explica un minero “chileno y chilote’” -como casi todos los residentes aquí- que está también entre esa mayoría inmensa que recibe entre 200 y 300 dólares mensuales de salario (en pesos). Un buen salario, sin duda, comparado con los de Lota y Coronel, aunque aquellos trabajadores tienen que echarse sobre los hombros el dolor de vivir lejos de sus familias. La mayoría tiene su hogar en él vecino Puerto Natales y sólo llegan a él los fines de semana. Otros, que carecen de alojamiento, viajan diariamente en buses fríos y por mal camino (“es bueno mantenerlos así para que no se queden dormidos”, dijo un gendarme buen humorado y teniendo que soportar, de ida y vuelta, controles y revisiones de gendarmes y carabineros.

Algunos -no muchos- se trasladan a Río Turbio con camas y petacas. “Uno necesita a la iñora y a los chiquillos; hay que traérselos como sean”. Entonces con tablas y latas hacen la imitación de una casa. “No podemos construir algo bueno porque a ningún chileno se le vende un sitio por aquí. Es zona fronteriza y la ley no lo permite. Para que a uno le den casa o le vendan sitio tiene que hacerse argentino. Pero son pocos los que cambian su patria por una casa”.

EL GENDARME VIENE A CENAR

Lo duro que puede resultar viajar todos los días de P. Natales a Río Turbio es algo que pudieron comprobar los autores de este reportaje. Ninguno de los pequeños hoteles de la región tuvo jamás un cuarto desocupado para los periodistas chilenos. “Vuelva mañana”; “tal vez más tarde”; “por ahora no hay nada”. Siempre una disculpa y algún gendarme por la vecindad. Hubo que dormir las cinco noches en Puerto Natales y regresar, con madrugones, al Turbio.
Por eso fue posible advertir que algunos gendarmes, de civil, viajan diariamente a Puerto Natales. “Allá tienen amistades”. Incluso cierto policía uniformado argentino tiene “un segundo hogar” en ese pequeño puerto chileno, donde pasa más noches que en Argentina. No es secreto para nadie. “Todo se mantiene bajo control”, advierte un jefe policial natalino.

También en el Turbio existe un control riguroso, “a la distancia”, que afecta a todos los chilenos residentes en forma legal, y un control muy severo, hombre a hombre, que afecta a los ilegales. Casi todos los ilegales han debido salir en los últimos seis meses, pero seguramente alguno ha logrado burlar los controles, se estima en unos diez mil los hombres, mujeres y niños chilenos que vivían en la región hasta diciembre pasado. Desde entonces, unos mil trabajadores han sido “cortados”, principalmente por la disminución de las ventas de carbón. Algunos centenares de ilegales también debieron salir, puesto que el Beagle sensibilizó mucho a las autoridades argentinas, que aceptan de mal grado que la provincia de Santa Cruz -la más vacía del país- esté poblada por una inmensa mayoría de habitantes de nacionalidad o raigambre chilenas.

ASTILLAS DEL MISMO PALO

Trayendo bolivianos y argentinos (les pagan más y los contratan previa entrega de pasaje de ida y vuelta), las autoridades de Río Turbio han intentado “deschilenizar un poco” las minas. No han tenido éxito. En rendimiento y dureza los chilenos han hecho escuela.

Dijo un antiguo trabajador:

Hay que ser muy varón y conocer el frio desde niño para soportar los vientos que barren el Turbio y apuntalar las galerías recién abiertas en el frente, sin que el miedo doble las rodillas. Son chilotes casi todos los que hacen el trabajo peligroso. Los otros trabajan en los talleres, arreglando máquinas, siempre lejos del peligro.

Pero lo chileno no sólo tiene imagen de ñeque y valentía. Muchos capataces nacidos en Ancud, Castro y pequeñas islas del archipiélago sureño, se han ganado fama de ser más duros que los argentinos. Así lo afirma una mayoría de obreros chilenos. La administración del mineral los deja actuar con dureza, les encarga todo lo difícil desde el punto de vista disciplinario y de rendimiento. O sea, el trabajo sucio. Los argentinos se reservan para otras tareas.

Así uno termina por tomarle mala al compatriota y, no al che. ¡Se las saben por el diccionario!, observó un minero osornino.

Esta animosidad, sin embargo, no se manifiesta cuando el trabajador abandona la mina. La mayoría toma los buses que los llevan al lugar donde viven. Unos pocos llegan a El Gato con Botas y otros bares y cantinas. Beben hasta olvidar.

Y EL DIABLO LO DESCOMPONE

El centro poblado más importante se encuentra alrededor de las oficinas administrativas y de los pabellones para hombres solos. Este lugar es propiamente Río Turbio. A unos kilómetros de allí se levanta el pueblo Veintiocho de Noviembre (bautizado así por la fecha en que fue fundado…). Más cerca dela frontera se halla el caserío de La Dorotea, nombre femenino para la capital de la diversión.

Río Turbio cuenta con cuatro o cinco cuadras de comercio, más caro que el de Buenos Aires y de discretísima calidad. El minero compra más en Puerto Natales, ya incorporado a ciertos beneficios de la Zona Franca de Magallanes. Sólo algunas casas comerciales y las hermosas viviendas de empleados y jefes, le quitan a Río Turbio algo del carácter deprimente que tienen regularmente los campamentos mineros.

Muchos bloques de pabellones para hombres solos dan la nota predominante. Muy sólidos, tienen por fuera una apariencia grata. Pero cuando el visitante entra por primera vez puede descubrir, sin más ayuda que el olfato, dónde se hallan las letrinas y duchas comunes. Los dormitorios (para cuatro o seis hombres) tienen, en cambio, un grado de dignidad aceptable. Sus muros están tapizados con recortes de revistas y calendarios, en los cuales predominan mujeres con poca ropa o sin ropa.

Nada nuevo.

Tal vez lo nuevo está en el cuidado que muchos de sus moradores ponen en la conservación de la limpieza. Para no llevarse la cera en la suela de los zapatos, dentro de las piezas usan pequeños trozos de franela como si fueran patines sin ruedas. Existen muchas razones para cuidar la limpieza. Una de ellas aunque las visitas femeninas se encuentran prohibidas, salvo que se trate de la esposa o parientes cercanos, la discreción y la complicidad permiten a muchos trabajadores recibir, solitariamente, “a la prima que viene de Puerto Montt” y atenderla como corresponde… Uno de ellos se queja:

-Claro que, como usted sabe, el hombre propone, Dios dispone y el diablo lo descompone. Muchos han pagado esta gracia con el despido. A veces un despechado se transforma en soplón…

La mayor parte opta por diversiones menos peligrosas. Pegados a la radio, escuchan emisoras chilenas y argentinas, principalmente para estar al tanto del fútbol. Banderines de Colo-Colo y Boca Junior son casi la única compañía que tienen los recortes y calendarios con mujeres.

TRASPIES EN PASO FRONTERIZO

Los trabajadores carecen de libertad para leer la prensa. Está prohibida la venta en el yacimiento de revistas y diarios chilenos. Sin excepciones. Tampoco pueden traerlos quienes viajan diariamente a Puerto Natales. Algunos logran pasarlos escondidos entre las ropas. De este control no sólo se preocupan los gendarmes. Curiosamente, los propios carabineros requisan los diarios chilenos que los mineros intentan llevar de Puerto Natales a Río Turbio, por el paso Dorotea.

-¿Hay algún acuerdo entre los dos países en este sentido?, preguntó Revista del Domingo al Intendente Regional de Magallanes, general Nilo Floody.
No, ninguno.
-Sin embargo, Carabineros intentó requisar incluso los diarios santiaguinos que nosotros llevábamos. Antes de llegar al puesto policial, todos los mineros que iban en nuestro bus nos advirtieron que la policía chilena no nos dejaría pasar diarios ni revistas.
¿Los dejaron?
-Sí, general, pero luego de muchas protestas.
-Lo vamos a averiguar. Nadie ha dado semejante orden…

Esta insólita situación, que fue detectada por esta revista en diciembre último, se estaba produciendo desde hace mucho tiempo. Ignoramos si hoy continúa ocurriendo. Ignoramos, también, si sigue ocurriendo otro fenómeno que deja perplejo: en los pasos fronterizos el trabajador chileno recibe, normalmente, un trato más amable de los gendarmes que de ciertos cabos de Carabineros. Hay roces permanentes por el contrabando hormiga. Eso lo afirman los propios mineros, y Revista del Domingo pudo constatarlo las veinte veces que pasó por los puestos de control.

Las pocas excepciones -porque las hay- deberían ser la regla.

No ocurre así.

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