Andrés Allamand
“El Presidente Aylwin cree que se las sabe todas”
Lo único que podría decir -tras muchas lecturas procurando entender su espectacular trayectoria política- es que es un completo enigma. Comenzó bajo la influencia del padre Osvaldo Lira y el destacado historiador Julio Retamal Favereau y otros conservadores tradicionalistas que ocupaban regularmente un puesto en la mesa familiar. Sorprendidos deben haber quedado ellos más tarde con sus posiciones liberales cuando era un lolo melenudo y enérgico que lideraba a los secundarios durante los años de Allende, oponiéndose frontalmente a ese intento de implantar un modelo marxista a una sociedad que mayoritariamente no lo era.
Silencioso estuvo por diez años después del golpe, dedicado a jugar rugby, a titularse de abogado (tres coloradas), a trabajar como tal en el Banco de Chile y a pololear con la hija de una ex diputada democratacristiana, su actual mujer. Reapareció en la política en actitudes críticas contra aspectos duros del régimen de Pinochet, y junto con los partidos opositores llegó a incubar el llamado Acuerdo Nacional, dejando perplejos a los tradicionalistas que iluminaron su primera juventud. Se opuso públicamente a que el general gobernara hasta 1997, pero cosas que ocurrieron -¿quién sabe cuáles?- le convencieron finalmente de lo contrario.
Declaró a Raquel Correa en 1988:
“La opción del Sí representada por el Presidente Pinochet es mejor que la opción del No representada quién sabe por quién” (…). “El mal mayor es que triunfe el No; el bien mayor posible es que triunfe el Sí; para mí es secundario quién lo encarne”.
De acuerdo con sus opciones de entonces, hoy Pinochet estaría en La Moneda. O Hernán Büchi, su ministro de Hacienda, por quien se jugó más tarde, sin perder su imagen de joven político derechista confiable para muchos izquierdistas.
Por estos días se ha hecho ostensible que la experiencia de gobierno de la Concertación ha terminado por alejarlo de ella y acercarlo un poco más a sus mentores conservadores de la juventud. Pero con Andrés Allamand –ya de 34 años y presidente de Renovación Nacional- solo se pueden esperar reacciones inesperadas, imaginativas, audaces. Sus compañeros del rugby en la
Universidad Católica le decían El Camión y se puede esperar también que arremeta con todo el cuerpo en cualquier dirección. También hacia sectores situados más a la derecha, que le sacan de sus casillas desde hace mucho. Ya en 1984 decía:
“Hay que referirse a la UDI con mucho tacto, porque son tan delicados, tan sensibles y están tan acostumbrados a la impunidad durante diez años que cada vez que alguien se refiere a ellos se enojan y se taiman de una manera terrible”.
Veamos qué otras cosas le sacan de sus casillas y cuáles pueden entusiasmarle.
¿En qué y cuánto se parecen el presidente Aylwin con su antecesor (Pinochet)?
En que ambos creen -a su manera- que se las saben todas.
¿Respecto a qué materias, personas o grupos usted le diría a Aylwin: ¡Tenga cuidado, Presidente!?
En general le diría que los gobiernos que no escuchan no sólo quedan sordos: además quedan ciegos.
¿Cuál es el peor defecto que aceptaría confesar aquí?
No. Nunca distribuyo municiones entre los enemigos.
¿Cuándo se siente perdiendo el tiempo?
Cuando por convencer a los partidarios no me puedo dedicar a convencer a los adversarios.
¿Reflexiona antes de lanzarse?
Nunca me lanzo sin saber la temperatura del agua.
Para insuflar alegría a los chilenos, Benjamín Subercaseaux no encontró mejor solución que la transfusión de sangre. ¿Qué piensa?
Los chilenos no son tristes: son un poco apagados. Mi hipótesis es que es por culpa de Partido Demócrata Cristiano, partido grande, importante, pero fome.
Delos socialismos reales, que parecieran en liquidación, ¿qué cosas rescataría para Chile?
Nada. Pero ¡ojo!, si el socialismo fuera un animal hoy sería un camaleón.
¿Cuál ha sido la pasión más grande de su vida hasta hoy?
El rugby.
¿Le gustan los bailes al estilo de los 90 o esos “en que uno sabe lo que agarra”, como dijo el senador Papi?
Yo no sé bailar, pero le creo a Papi.
¿Qué hace para desenchufarse del trabajo?
Acepto sugerencias.
¿Qué le parece el día domingo?
Que dura hasta el almuerzo. Ahí empieza el lunes.
¿Qué hace para enfrentar sus momentos de depresión?
Salgo a correr. Largo y lejos.
¿De qué manera experimenta y maneja su agresividad?
Me he propuesto ser un animal manso.
¿Sus relaciones con la religión?
Aún distantes.
De las culturas que usted reconoce en sus antepasados, ¿cuál le parece más presente en su personalidad y sus gustos?
Reconozco raíces: el afán de superación de todos los inmigrantes.
Obligado a nacer de nuevo y fuera de Latinoamérica, ¿qué cuna escogería?
Australia.
¿Actitud juvenil que le impacienta?
Venir de vuelta antes de haber ido.
¿Cómo se manifiesta en usted lo sentimental?
Con reserva.
¿Qué estrategia, táctica o maniobras empleó para conquistar a su mujer?
Una leninista: dos pasos adelante, uno atrás.
¿Con qué simbolizaría la tontera?
Con el arribismo y la falsa modestia.
¿En qué grado le atrae el poder? (Procure decir toda la verdad).
El poder es una peligrosa droga solitaria.
¿Alguna vez ha lamentado no ser una persona completamente anónima?
Sí, pero se me pasa rápido.
¿Qué le habría gustado ser?
Me habría encantado ser futbolista profesional.
Perdone la brutalidad de mi pregunta, pero ¿qué cree que ha ganado la humanidad teniéndole a usted?
Aunque la recomendación viene de cerca, un buen tipo.
¿Cuál ha sido su relación personal con el odio?
No tengo odios; sólo buena memoria.
¿Qué hace con el sentimiento de culpa?
No tengo.
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