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Dink viene de visita – Luis Alberto Ganderats
Dink viene de visita

Dink viene de visita

Nos dieron una pista. Si en un bar vemos a un grupo de hombres solos y queremos saber si son gay o heterosexuales, basta observar el café que están tomando. ¿Hay cinco expresos y un cappuccino? No hay duda: son heterosexuales. Pero si hay un cortado, un mokaccino, un irlandés, un machiato, un descafeinado y un café aulait, entonces es un grupo gay.

Este refinamiento y búsqueda de lo especial hacen que los turistas homosexuales gasten más que el promedio. Por eso, los restaurantes y hoteles empiezan a observarlos con inusitado interés. Algunos los clasifican por las siglas inglesas dink: double income, no kids. “Dos rentas y sin niños.” Viajan en cualquier temporada, gastan mucho en ocio, en salud, en ropa.

Río de Janeiro ha sido por décadas la ciudad más importante de nuestro vecindario en este tipo de turismo. Ahora es Buenos Aires, con su primer cinco estrellas para gays, el Axel, con 48 habitaciones, primero en América, segundo en el mundo. Las preferencias personales de quienes los atienden son dejadas en el ámbito privado, pues los dólares que traen suenan como música celestial. Ahora, Buenos Aires empieza a tomar ventaja. Para abril se anuncia la inauguración en San Telmo del Hotel Axel, primer cinco estrellas de América y el segundo del planeta destinado únicamente a clientes gay, con 48 habitaciones. Y el mismo año 2007 se realizará el Mundial de Fútbol Gay, que promete robustecer la red de hostales, bares, discotecas, restaurantes y comercios destinados a estos viajeros. Hoy son unos 200. El Mundial podría hacer que se dupliquen. 

La capital argentina se abre a las nuevas realidades de su turismo mirando a grandes ciudades que con la presencia gay han dado origen a focos vanguardistas; a potentes centros culturales y a nuevas tendencias en el uso de los barrios decadentes, como el Art Deco de Miami. No se trata de guetos. Toda persona es bienvenida en sus barrios. Para eso, sin embargo, el visitante no debe ignorar lo que hay como telón de fondo: una larga historia de ocultamientos, de víctimas infinitas, de irreductibles temores y desconfianzas por ambos lados.      

Para conocer cabalmente la sociedad del siglo XXI, es bueno pisar las calles del enorme distrito de Castro, en San Francisco, capital universal en la geografía gay. También el agitado Chelsea, de Manhattan; el barrio Chueca en el centro de Madrid, y el village estilo anglosajón crecido junto a la Gran Vía de las Cortes, en Barcelona.

Ahí comprobaremos que el turismo moderno es gayfriendly: amigable con los gay, con lesbianas y transexuales. Y que –como alguien se ha quejado– el futuro ya no es lo que solía ser.