1.000 años y algunas lágrimas en Granada

Andalucía comienza a preparar una fiesta mayor: los 1.000 años del Reino de Granada. La que es hoy la más noble de sus provincias, fue el último territorio de España donde el Islam hizo oír el llamado de los almuecines. El milenio del nacimiento de este reino nazarí se cumple el 2013, pero su importancia cultural e histórica sigue siendo tan grande, que sus preparativos consumirán años. Nada sabremos de España si no conocemos la riqueza de la cultura árabe, la importancia del Islam y los muchos siglos que duró su presencia. España, decadente en el momento de la llegada del Islam, gracias a su aporte creció hasta convertirse en la potencia conquistadora del Nuevo Mundo. Fueron los propios Reyes Católicos los que en 1492 consiguieron derrotar a los árabes de Granada, envueltos en guerra civil, y luego expulsarlos de su territorio. Después de nutrirse de esa cultura superior, harían prevalecer los valores cristianos.
La conmemoración del milenio de Granada será, en consecuencia, fiesta y duelo a la vez. Es difícil saber cuál es el sentimiento que predominará entre los andaluces al hacer memoria y recuento. A lo menos es legítimo preguntarse cuánto más admirable sería España si hubiese seguido creciendo hasta hoy como una sociedad integradora, y no hubiera expulsado a judíos y árabes, como lo hizo. Desde luego, la millonaria riqueza turística de la región tiene un sustento árabe. El Reino de Granada, que abarcó también las provincias de Almería y Málaga, así como porciones de Córdoba, Cádiz y Jaén, presenta en el palacio de la Alhambra (foto) y sus jardines uno de los grandes Patrimonios de la Humanidad, tal vez el monumento más visitado de España. Es obra de los nazaríes, al igual que el magnífico Generalife, palacio de verano de sus monarcas, que perdió armonía con las transformaciones cristianas. Los nazaríes reinaron desde Muhammad I y sobresalieron con Muhammad V, quien tuvo como ministros a todos los hombres brillantes de su tiempo.
Una de las más admirables mezquitas, la de Córdoba, acoge en su espacio interior una catedral católica. Esa Gran Mezquita refleja, como ningún otro edificio de al-Andalus, la historia del arte islámico en España. Para construir la catedral, los católicos demolieron sectores de esa maravilla islámica. El propio emperador Carlos V, que autorizó la construcción de la catedral dentro de la mezquita, al ver los resultados dijo: “Si hubiera sabido lo que aquí había, no me habría atrevido nunca a tocar el viejo edificio. ¡Habéis destruido lo que era único en el mundo para colocar algo que hay en todas partes.”
La verdad completa, sin embargo, es que si en su interior no se hubiese construido un recinto sagrado católico, tal vez toda la Gran Mezquita de Córdoba estaría demolida, y Carlos V se habría ahorrado esas lágrimas tardías. En su tiempo, por lo demás, España también aprendió a abusar en América, como lo denunciara el padre Las Casas. En su obra Destrucción de las Indias, describe los horrores que vio en las Américas. “Se le encendían los ojos, y se volvía a sentar, de codos en la mesa, con la cara llena de lágrimas”, escribe Martí. Una llama de abusos que aún no se apaga.